Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:GREC 2008

Matemáticas como materia escénica

El actor y director escénico Simon McBurney, cofundador de la aclamada compañía británica Complicite, odia las matemáticas porque se considera negado para entenderlas. O por lo menos así era hasta que su amigo Michael Ondaatje, el autor de El paciente inglés, le incitó a leer La disculpa de un matemático. Allí encontró reflejada una historia que le fascina, la entrañable amistad -él la llama "romántica"- entre dos de los matemáticos más brillantes del siglo XX, el británico G. H. Hardy y el indio Srinivasa Ramanujan. Entonces empezó a sumergirse en un mundo de fórmulas y teoremas hasta convertirlos en el material escénico del espectáculo A disappearing number (Un número que desaparece), que la compañía presenta desde hoy hasta el domingo en el Teatre Lliure.

"Ondaatje me dijo que leyera el libro porque presenta una nueva relación de las matemáticas con nuestro mundo. El autor defiende que éstas, como la poesía y la pintura, son una creación artística", asegura McBurney. "A partir de las ideas, el matemático crea patrones. Y éstos tienen que ser bonitos. La simplicidad y la belleza de una idea harán que permanezca a lo largo del tiempo", reflexiona. Más allá de estos planteamientos, McBurney ofrece un argumento muy convincente para su nueva atracción por los números. "Las matemáticas pueden describir lo invisible y lo imposible. En nuestra vida, hay muchas cosas que no podemos explicar. Por ejemplo la muerte, que nos lleva a formar parte del infinito. Y aquí es donde se establece el paralelismo".

El teatro de texto (en inglés con subtítulos en catalán) y las proyecciones videográficas conviven en esta obra de historias entrecruzadas, que se despliegan en múltiples ramificaciones relativas a la búsqueda y la necesidad de comprender. Por una parte, se explica la amistad entre los dos sabios. Por otra, la peripecia de un hombre de negocios indio que trata de entender el fallecimiento de su esposa. Transcurren en épocas y espacios geográficos distintos, pero tienen en común el hecho de ser dos grandes historias de amor.

"No puedes hablar de matemáticas sin hacerlas", asegura McBurney para explicar por qué los números tienen una presencia explícita en este espectáculo de gran impacto visual. "Se utiliza mucho material que seguramente es incomprensible para el público. Pero no pasa nada. También somos capaces de intuir la belleza en un poema, aunque nos parezca que no acabamos de entenderlo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de julio de 2008