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CARTAS AL DIRECTOR

Aire acondicionado

Cuando llega el invierno, a las ocho de la mañana, esperando el autobús, el termómetro a cero grados o por debajo, yo me abrigo bien; botas, jersey, abrigo bien cerrado, bufanda, guantes... así protegida aguanto el frío y rara vez me pongo enferma.

Llega el verano y no puedo evitar pasar frío en muchos sitios donde el aire acondicionado funciona a una temperatura sólo apta para esas personas que siempre tienen calor, o aquellos que están obligados a llevar traje y corbata. Pero el resto ¿qué hacemos? Yo siempre voy con la chaquetita o el fular y a pesar de mis precauciones, llevo en cama dos días, con fiebre y dolor en el pecho, la garganta desgarrada de la tos, mi trabajo abandonado, mis compañeras soportando un poco más las agotadoras colas de parados (trabajo en el Inem, y al menos en mi oficina la temperatura es adecuada) y los parados soportando la agotadora espera porque falta aún más gente en su puesto.

Me pregunto por qué tenemos que pasar frío en verano. ¿No resulta, además del gasto y del perjuicio para el medioambiente, un poco paleto eso de poner el aire acondicionado tan fuerte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de julio de 2008