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Entrevista:VLADIMIR SPIDLA | Comisario europeo de Trabajo

"Ningún empleado puede ser forzado a trabajar 60 horas"

Vladimir Spidla (Praga, 1951) maneja como comisario europeo de Trabajo varios asuntos que han encendido la mecha de la polémica en la UE. Apenas quiere pronunciarse sobre la directiva que liberaliza los servicios, una versión descafeinada de la directiva Bolkestein. Pero sí defiende con uñas y dientes la nueva directiva del tiempo de trabajo, otro frente abierto en el debate social.

Pregunta. La nueva directiva da luz verde a la jornada laboral de 60 horas semanales, frente a las 48 actuales. ¿Se trata de un recorte de los derechos sociales?

"Se permite incrementar la jornada para ser más competitivos"

Respuesta. El acuerdo mantiene el máximo de horas de trabajo por semana en 48 horas, sobre cuatro meses, y puede ser más bajo si los Estados miembros así lo eligen. Ningún trabajador puede ser forzado a trabajar por encima del límite nacional. Es incorrecto decir que da luz verde a una jornada de 60 horas semanales en lugar de las 48, y no creo que este acuerdo sea un retroceso de los derechos sociales de los europeos. Estos acuerdos mejorarán los derechos sociales en Europa.

P. ¿Le parece un progreso?

R. Es un progreso porque con el acuerdo actual no hay un límite laboral para los empleados que lleguen a un acuerdo individual, siempre que tomen un mínimo de 90 horas de descanso a la semana. Los trabajadores están más protegidos. Además, la propuesta establece que tampoco se pueden firmar acuerdos individuales que alarguen la jornada durante las cuatro primeras semanas de empleo. La nueva legislación prohíbe que los trabajadores sean perjudicados si eligen no firmar un pacto individual. Y las empresas tendrán que mantener un máximo de horas de trabajo para los empleados con los que hayan llegado a un acuerdo. Es una mejora de la protección de los derechos de los trabajadores.

P. ¿Son medidas para competir con los países emergentes?

R. Estamos trabajando por una Europa social y competitiva y creo que la directiva protege a los trabajadores al tiempo que capacita a las empresas para competir en una economía global. Una jornada laboral de 48 horas semanales permite una competitividad económica, y mantiene un equilibrio entre vida laboral y personal, algo que quedó reflejado en la nueva Agenda Social. Si los Estados miembros creen que la jornada de 48 horas no les capacita para ser competitivos respecto a las economías emergentes, entonces la directiva les permite incrementar la jornada semanal hasta las 60 horas con un acuerdo individual entre las partes.

P. En abril una sentencia daba la razón a una empresa polaca, subcontratada en Alemania, en la que las condiciones de trabajo correspondían a las de una empresa polaca, no a las condiciones de trabajo de Alemania. ¿Qué opina de esa doble escala salarial?

R. El problema de este caso no era el salario que se cobraba, sino el método con el que se establecía el salario mínimo. De este caso hay que seguir hablando, y si la conclusión es que hay que cambiar la legislación, pues veremos... Pero hasta este momento no hay ningún elemento para ir en esta dirección. En los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992, hubo que buscar trabajadores, y la Corte dijo cuánto había que pagarles como salario mínimo. Así que una buena aplicación de esta directiva protege los estándares de un país. La decisión española era totalmente correcta. Lo contrario es lo que pasó en Alemania.

P. Dice que no quiere hablar de la directiva Bolkestein, pero ¿hasta qué punto emerge el fantasma del fontanero polaco con la liberalización de servicios?

R. Es una cosa que ha sido muy discutida en Francia, esta oleada de trabajadores que puede venir de los nuevos países, pero los fontaneros no han venido nunca. De hecho, Francia tiene penuria de mano de obra en muchos sectores. He intentando buscar fontaneros polacos en Francia, pero sólo he encontrado unos 300.

P. ¿Cree usted que existe la necesidad de acelerar la expulsión de inmigrantes irregulares?

R. La cuestión es si la inmigración esta bien controlada. Europa busca los métodos más eficaces porque queremos tener a todos los inmigrantes bajo condiciones legales y no tener inmigración ilegal que da problema porque está, a menudo, en condiciones casi de esclavitud. Cada país, y también España, tiene todas las posibilidades de expulsar a la gente que causa problemas, pero siempre cumpliendo con la ley. Un ser humano es un ser humano. Tiene derecho a un proceso justo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 30 de junio de 2008