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Reportaje:Primer plano

Nace un nuevo coloso del crudo

Arabia Saudí espera extraer 1,2 millones de barriles diarios del complejo de Khurais

El monótono paisaje de arena y matojos bajos se interrumpe de repente como en un espejismo. Ante la vista no aparecen sin embargo agua y palmeras, sino un gigantesco mecano de tuberías de acero, turbinas y depósitos gigantes que 28.000 obreros se afanan en montar a pesar de los 45 ºC inmisericordes que castigan el desierto saudí. El tiempo es petróleo. Estamos en Khurais, el mayor proyecto de extracción actualmente en marcha en el mundo. Y en una época de carestía como la actual, Khurais se ha convertido en la niña de los ojos de Saudi Aramco, la empresa estatal de petróleo saudí. A partir de junio de 2009, el país árabe espera extraer de ese depósito 1,2 millones de barriles diarios de crudo y elevar así su capacidad de producción a los prometidos 12,5 millones.

Se trata del campo petrolífero más extenso desde los años setenta

"Es el mayor esfuerzo de exploración emprendido nunca por Saudi Aramco para abastecer de energía al planeta", declara Amin Nasser, vicepresidente de exploración y producción de la compañía, durante una visita a las instalaciones el pasado lunes. Si se cumplen las previsiones, y los portavoces oficiales aseguran que todo va sobre ruedas, este megaproyecto de 10.000 millones de dólares (unos 6.350 millones de euros) pondrá en servicio el campo petrolífero más extenso desde finales de los años setenta. Y con el barril de petróleo coqueteando peligrosamente con los 140 dólares, hay mucho interés en ver el resultado de esta explotación.

Khurais tiene 127 kilómetros de largo y un área de 2.890 kilómetros cuadrados, pero incluye también otros dos campos más pequeños situados al sur del depósito principal: Mazalij, de 1.630 kilómetros cuadrados, y Abu Jifan, de 520. Los expertos de Saudi Aramco calculan que a 1.500 metros bajo ese mar de arena y rocas existen 27.000 millones de barriles de petróleo, más que las reservas probadas de EE UU.

Los saudíes esperan que se convierta en el cuarto campo petrolífero más productivo del mundo, después del vecino Ghawar y otros dos en Kuwait y México. No obstante, los escépticos ven en el proyecto la prueba de que el reino, que dispone de la cuarta parte de las reservas mundiales, con 260.000 millones barriles, está alcanzando sus límites. Tras Khurais, sólo queda otro gran campo por explotar, el de Manifa, en aguas del golfo Pérsico.

Situado a 160 kilómetros al noreste de Riad y a unos 250 kilómetros al suroeste de Dhahran, la capital petrolera de Arabia Saudí, Khurais no es un hallazgo reciente. Los geólogos de Aramco (precursora estadounidense de Saudi Aramco) lo descubrieron en 1957, lo explotaron brevemente y enseguida lo pasaron a la reserva. Volvió a ponerse en funcionamiento tras la subida de precios de 1973, pero apenas llegó a producir 150.000 barriles diarios.

Los portavoces de la compañía reconocen los retos. Sin duda, el principal es la escasa presión natural del depósito. Para ello se ha decidido inyectar agua de mar en la periferia del campo, algo a lo que Saudi Aramco suele recurrir para reanimar depósitos que llevan años en activo. Eso ha exigido la instalación de 900 kilómetros de tuberías para distribuir el agua desde la planta de Qurayyah, a 190 kilómetros, en la costa del golfo Pérsico, cuya capacidad también se ha aumentado. Se trata de un proceso delicado que exige filtrar el agua hasta obtener partículas pequeñísimas para no obstruir los poros de las rocas a través de las que debe fluir.

Los sedimentos que contienen el crudo son menos porosos y se encuentran a gran profundidad, por lo que resultan más difíciles de alcanzar. Para ello, la compañía estadounidense Halliburton, uno de los 26 contratistas del megaproyecto, está perforando 300 pozos que tras llegar a los 1.500 metros de profundidad se ramifican horizontalmente por la roca. Cada una de sus tres o cuatro ramas puede guiarse de forma electrónica hasta un metro del petróleo, que se impulsa hacia fuera con la inyección de agua.

El director del proyecto, Khaled Abdulqader, asegura que se ha completado el 55% de la instalación de procesado y el 88% del sistema de tratamiento y conducción de agua de mar. "La inyección empezará en diciembre y la producción el próximo junio, tal como estaba previsto". La confianza en la capacidad de abastecimiento de Arabia Saudí, y tal vez el freno al alza de precios del crudo, puede depender de ello.

Deseosos de mantener su estatus de válvula de seguridad, los saudíes prometen incrementar su capacidad extractiva hasta los 12,5 millones de barriles diarios, desde los 11,3 millones actuales. Sin embargo, la tensión del mercado parece indicar desconfianza en que ni siquiera el mayor productor mundial sea capaz de hacer frente al tirón de la demanda que encabezan India y China.

Más refino

Arabia Saudí también proyecta duplicar su capacidad de refino, hasta seis millones de barriles diarios, antes de que concluya la presente década a través de proyectos dentro y fuera del país, a los que ha invitado al capital extranjero. De momento, Saudi Aramco ya ha anunciado este año sendas joint-ventures para nuevas refinerías, con Total (en Jubail) y ConocoPhillips (en Yanbu), con capacidad de 400.000 barriles diarios cada una.

El acuerdo con la francesa Total se firmó el pasado domingo en Yeddah, aprovechando la asistencia a la Conferencia sobre Energía del director general de la compañía, Christophe de Margerie, y del presidente de Saudi Aramco, Abdalá Jumah. Según el documento de trabajo de la conferencia, la "limitada capacidad de refino", en especial de crudos pesados, también está influyendo en el aumento del precio de los carburantes en todo el mundo. "Son instalaciones muy costosas que pocos países tienen capacidad para abordar", justifican fuentes occidentales del sector.

Saudi Aramco, que en la actualidad tiene una capacidad de refino de 2,1 millones de barriles diarios en el reino y controla otro millón fuera del país, no ha especificado el capital requerido para alcanzar su objetivo de seis millones de barriles, pero las dos plantas programadas han visto aumentar sus costes en un 60% desde los 6.000 millones de dólares (3.800 millones de euros) estimados inicialmente. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de junio de 2008

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