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Necrológica:

Tim Russert, líder del periodismo político en EE UU

Murió en la Redacción, entusiasmado por la campaña del cambio

La muerte de Tim Russert ha sido un mazazo que le cambia la cara a esta campaña electoral y abre un vacío inmenso en el periodismo político estadounidense. Es la ausencia más notable y más sorprendente. Nadie parecía estar disfrutando como él de la fiesta de estos tiempos de cambio en Washington. ¡Qué gran injusticia que la muerte haya privado de asistir al final de esa fiesta a quien había sido su alma y su principal imagen en la televisión!

Tim Russert murió el viernes 13 de junio de un infarto en medio de la Redacción de la cadena NBC en Washington, mientras preparaba la edición de hoy de Meet the press, a cuyo frente estaba desde 1991 y al que había situado como el más influyente y respetado programa de análisis de la televisión estadounidense. Cuatro millones de espectadores seguían cada domingo sus entrevistas y su visión de los acontecimientos. Una pregunta o un comentario en ese espacio podían servir para cambiar súbitamente la suerte de cualquier político.

A los 58 años se había convertido en uno de los más grandes periodistas de todos los tiempos, sin duda el primero de su generación. Se encontraba ahora en pleno apogeo. Su sonrisa permanente era el mejor testimonio de su feliz estancia en la cúspide de su carrera y de su poder, como figura de referencia de una apasionante época en esta Roma contemporánea.

Su muerte ha merecido el reconocimiento que se otorga a un padre de la patria. Pocas veces la desaparición de un periodista genera algo similar. Es preciso aunar una democracia madura y un profesional de su talla para que se pueda reconocer sin objeciones la pérdida de un periodista como la de un bien nacional.

Presidente, ex presidentes y candidatos presidenciales de ambos signos han rendido honores a Tim Russert, como lo han hecho sus compañeros y sus rivales. La NBC mantiene desde su muerte una programación especial. Otras cadenas que compiten sin piedad en el mercado o en la ideología, como ABC o Fox, se han volcado también en la cobertura apropiada del acontecimiento.

Su foto está en todas las portadas, independientemente de la orientación política de la cabecera. La bandera ondea a media asta. El país entero está en duelo ante la pérdida de una voz que contribuía decisivamente a que todos los ciudadanos estuvieran mejor informados.

Tim Russert ha cumplido ese papel de forma admirable. Aunque ganado para la televisión del mundo de la política -fue asesor de dos grandes dirigentes demócratas, Patrick Moynihan y Mario Cuomo-, asumió enseguida las reglas de su nuevo oficio y las cumplió siempre a rajatabla. Los azules lo acusaban de rojo, los rojos de azul, pero todos lo respetaron y él respetó a todos, aunque no tuvo piedad con ninguno. Pasar por sus manos era para las figuras de todo signo una prueba de fuego: superarla les daba un crédito extraordinario, pero el riesgo de fracasar era también muy alto.

Coincidí con Tim Russert en cada una de las grandes citas de estas últimas primarias. Muchos de mis propios análisis no son más que copias vulgares de sus reflexiones. No tuve el honor de pertenecer a su círculo de amistades. Él vivía en otro escalón. Él viajaba con una legión de ayudantes y firmaba autógrafos. Yo mismo estuve tentando de pedirle uno en alguna ocasión, como el alevín que le pediría la camiseta a Zidane.

Me contuve por un rancio sentido de la dignidad. Pero, en el momento de su muerte, es justo reconocer a Tim Russert como un maestro por el que todos los periodistas que quieran dar brillo a este oficio deberíamos de guardar hoy un minuto de silencio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de junio de 2008