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LA SUELA DE MIS ZAPATOS | EUROCOPA 2008 | El mejor debut de España

Hechos de agua

"Estoy hecho de agua. Jamás se darán cuenta de ello porque la tengo contenida. También mis amigos están hechos de agua. Todos", proclama Philip K. Dick en Confesiones de un artista de mierda, y añade: "Para nosotros, el problema no sólo radica en que debemos andar sin ser reabsorbidos por la tierra, sino en que debemos ganarnos la vida", y concluye: "En realidad hay otro problema mayor. No nos sentimos cómodos en ninguna parte". Revirtamos la cuestión. ¿Cómo podríamos sentirnos cómodos en ninguna parte si debemos ganarnos la vida y andar sin ser reabsorbidos porque estamos hechos de agua? Puede que éste no sea el preámbulo más adecuado para hablar de fútbol en plena refriega europea. Hay chicos hechos de agua que se ganan muy bien la vida corriendo tras un balón, pero temen ser reabsorbidos por el césped que pisan, mientras otros somos abducidos por la pantalla del televisor y ni unos ni otros nos sentimos cómodos porque en todos subyace una pertinaz desazón. A pesar de su rotundo triunfo sobre Rusia en el primer partido de esta Eurocopa, he de confesar que no he acabado de desembarazarme de cierta reticencia cautelar a la hora de celebrarlo. ¿Es real lo que he visto? ¿Ha encontrado, por fin, la selección española su identidad? Y no me refiero a esa identidad apenas atisbada en los remotos y retóricos tiempos (1950) en que un tal Telmo Zarraonaindía Montoya, vasco de sangre gitana, marcara en Río un abracadabrante gol a la pérfida Albión, logrando la mejor clasificación para España en un Mundial (cuarto puesto) antes de caer humillados por un sádico Brasil (6-1).

Todo me ha parecido demasiado fácil y bonito como para no sentir aprensión

Efímera fue la furia española y fugaz la gloria. Tuvimos que esperar 14 años para volver a ensalzar la raza con el casero y certero cabezazo de Marcelino. ¿Ha conseguido el actual seleccionador el milagro de ensamblar un equipo y dotarlo de un estilo coherente contando tan sólo de vez en cuando con jugadores que provienen de diferentes conjuntos y muy dispares concepciones del juego? O la apariencia nos engaña y los rusos, ingenuos y torpones, tras darnos dos o tres sustos, abrieron compuertas a los espacios bajo la lluvia para que el agua y nosotros burbujeáramos a placer. Mi amigo Michael Robinson dice que "ganar es cuestión de hábito". Tautológica afirmación. Por cuanto adquirir la costumbre de ganar lleva consigo ganar por costumbre. Claro que el hábito hace al monje. Lo sabemos. Y también que el camino de cien leguas empieza por un primer paso y que, hechos de agua o de whisky, puede que lo hayamos dado. No quisiera ser el agorero que agüe la celebración. Pero todo me ha parecido demasiado fácil y bonito como para no sentir aprensión.

Quizás por falta de costumbre, tengo la sospecha, corroborada retrospectivamente, de que estamos más hechos de agua que otros y podemos encontrarnos de la noche a la mañana con el agua al cuello o licuarnos en cualquier momento, como en anteriores ocasiones, quedando todo, una vez más, en agua de borrajas. En todo partido resulta decisivo el orden y momento en que se marcan los goles, así como, por supuesto, las pulgadas que hacen coincidir el esférico con el poste y estos factores alteran el resultado y nuestra percepción del juego. El equipo español ha sido muy superior al ruso, no cabe duda, y me ha encantado que las circunstancias le impelieran a jugar al espacio en lugar de tejer y destejer el tapiz de Penélope en el centro del campo a la espera de un Ulises que a veces llega tarde. O no llega.

Quiero creer que no hemos visto un espejismo en el desierto sino encontrado el cauce que conduce a las míticas fuentes del Nilo, donde ya es hora de que podamos, codeándonos con los mejores, darnos un buen chapuzón. Como habrán comprobado, esta última metáfora deja mucho que desear, pero con tanta agua me he dejado llevar por la corriente. Lo de Penélope y Ulises, el tapiz y todo eso, me gustaba más. Y, por cierto, vaya un aviso para navegantes desavisados, Philip K. Dick no jugaba en ningún equipo de fútbol ni dio siquiera una patada a pelota alguna. Se trata de un genial escritor de ciencia ficción en cuyas obras se han basado películas como Blade Runner, Desafío total, Abre los ojos, Olvídate de mí o Minority Report, entre otras. Murió en 1982, año del Mundial de España, en el que precisamente se introdujo por primera vez un balón de cuero con costuras impermeables que reducían la absorción de agua. Por si acaso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de junio de 2008