La crisis del Partido Popular

Rajoy insinúa que sólo contará con Aguirre si ella quiere apoyarle

La presidenta de Madrid no se dará por aludida hasta que no hable con él - El dirigente del partido aclaró que no piensa en ella para ninguna vicesecretaría

Mariano Rajoy se queja de estar luchando "contra el aire" porque enfrente no tiene una candidatura alternativa, pero a la vez el líder del PP no para de ofrecer pistas sobre quién es para él su verdadero rival: Esperanza Aguirre, la presidenta de Madrid. Con su peculiar estilo para la guerra, casi siempre sibilino y sólo a veces explosivo -"el que quiera, que se vaya", exclamó hace un mes- ayer le lanzó una oferta de pacto o rendición, según se mire. En una entrevista en Catalunya Radio, al líder del PP le preguntaron si piensa contar con Aguirre para la dirección. Y fue muy ambiguo. "Yo quiero integrar a todo el mundo. Aunque eso también depende de la voluntad de cada uno. Pero también quiero que el partido cada vez se adapte más a la realidad. Un partido reformista que esté pendiente de las circunstancias de lo que pasa en la sociedad y en el mundo, y a mí me gustaría contar con ella... si quiere".

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Era una respuesta para entendidos, como casi todas las de Rajoy que se refieren a asuntos internos. Sólo unos minutos antes, el líder había recordado que él se presenta porque se lo ha pedido mucha gente del partido, aunque enseguida corrigió: "Bueno, hay una parte de Madrid que no me lo ha pedido", en clara referencia a los aguirristas. De hecho, Rajoy ha recogido avales por toda España pero no tiene ni uno de Madrid, donde nadie se ha atrevido a pedirlos ante la evidente distancia con el líder.

El mensaje en apariencia críptico del presidente llegó nítido a los oídos de Aguirre. Estaba dejando claro que, de momento, él sabe que la tiene enfrente -hace sólo una semana ella dijo "algo se está haciendo muy mal en la dirección", un ataque sin precedentes- y por eso le ofrece un pacto o una rendición: si ella cambia su discurso y empieza a apoyarle, estará en la dirección. También era un rejonazo el "pero también quiero un partido que se adapte a la realidad". El martes, Aguirre dijo en una cena con Rajoy que "no hay que hacer cambios radicales que nadie entendería" mientras él insistía en que el PP debe adaptarse a la realidad.

Por si había dudas, el entorno de Rajoy aclaró después que es una evidencia que Aguirre no le apoya y sólo si cambia de actitud contará con ella. Por si fuera poco, el propio líder, que había anunciado que habrá tres o cuatro vicesecretarías y ninguna vicepresidencia, se giró rápidamente en una charla informal con periodistas en un hotel de Barcelona cuando se le preguntó si una de esas vicesecretarías sería para Aguirre. "Yo no he dicho eso, ni mucho menos. Que quede claro, no la liemos", ironizó.

Ante el envite, Aguirre optó por el silencio. "Rajoy no ha llamado a la presidenta para hablar de este asunto. Cuando hablen, ella podrá decir algo", sentenció su portavoz.

Casi todo el discurso interno de Rajoy se explica como oposición al de Aguirre. Es ella la candidata ideal para los medios que con más insistencia exigen la dimisión del líder. Es ella la única que ha amagado con presentarse y, como recordó Rajoy, es ella la única dirigente regional importante que no le llamó el día siguiente de las elecciones para pedirle que siguiera.

Mientras, él ha apostado claramente por su gran rival, Alberto Ruiz-Gallardón. Y cada vez que habla de cuestiones internas, casi siempre se defiende atacando una línea que sirve tanto para ella como para la COPE o El Mundo. De hecho, su discurso es tan en clave interna, para entendidos y a la defensiva, que no todos los públicos lo entienden. Ayer, cuando un empresario le preguntó en Barcelona por la crisis del PP, él le lanzó la misma explicación de por qué se ha presentado que utiliza cuando recoge avales de los compromisarios, y volvió sobre el gran asunto que parece focalizar el debate interno: el respeto a los principios. "Nadie tiene el patrimonio de los principios. Todos los que estamos aquí tenemos los nuestros. Sería bueno decírselo a algunos. Pero respetar los principios es compatible con el diálogo para resolver los problemas".

El líder del PP, que tiene muy poco apoyo entre los veteranos del partido, también dijo en Barcelona que José María Aznar se está comportando de manera "impecable". Por el contrario, la distancia con Rodrigo Rato, otro veterano con mucha influencia, quedó patente. Se cruzaron en una escalera del hotel y se saludaron unos segundos, pero Rajoy no escuchó a Rato, que hablaba justo antes que él en el mismo foro, y el ex vicepresidente económico se marchó corriendo en cuanto terminó de hablar y no se quedó a escuchar a quien fuera su rival en la sucesión de Aznar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 30 de mayo de 2008.

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