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CARTAS AL DIRECTOR

Cervantes en el Sáhara

Cervantes no estuvo en el Sáhara, aunque no anduvo muy lejos... Pero no voy a referirme al autor del Quijote, sino a la institución que lleva su nombre, una institución que vela por la difusión de la lengua y cultura españolas en el mundo. ¿Por qué el Cervantes no está en el Sáhara, por qué lo ignora? Hay una razón evidente: el Sáhara (o la RASD) no es oficialmente para España un país independiente. Ahora bien, aun aceptando eso, ¿no sería factible que el Instituto Cervantes cumpliera su misión cultural (y humanitaria) abriendo, por ejemplo, en Tinduf (Argelia), cerca de los campamentos de refugiados saharauis, una delegación de sus sedes argelinas, que facilitara el acceso del pueblo saharaui al aprendizaje de una lengua que aman profundamente y han hecho de ella un símbolo de identidad, de autoafirmación?

¿Qué tiene que ver la política con la cultura? ¿A quién ofende o perjudica que el Instituto Cervantes, además de estar con el Sáhara -como lo está la mayoría de españoles- esté en el Sáhara, implicándose de una forma u otra en el desarrollo de la lengua de Cervantes en este rincón olvidado y contribuyendo así, de paso, a saldar la deuda histórica que tenemos con ellos? ¿No es más urgente el apoyo a un niño saharaui, que aprende español en la escuela, con muchas dificultades, que la instalación de sedes del Cervantes en Pekín, San Petersburgo... o la Quinta Avenida de Nueva York? Y algo parecido podría decirse de Guinea Ecuatorial.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de mayo de 2008