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EL CORNER INGLÉS

Scholes, el rojo anti-Ronaldinho

"Su punto débil

es que ignora tenerlo".

Arsène Wenger, entrenador del Arsenal, sobre Alex Ferguson

El Manchester United ha ganado 10 títulos de Liga en las últimas 16 temporadas. Alex Ferguson, que ha estado al mando del club durante 22 años consecutivos, también ha ganado cinco veces la FA Cup. La consistencia apisonadora de sus equipos provoca la envidia de los demás grandes clubes europeos. Lo que no envidian tanto ha sido su trayectoria en la Copa de Europa, torneo que el Manchester sólo ha ganado una vez en este período -en 1999, el año que conquistó el triplete-. Este miércoles, cuando se enfrenta al Chelsea en la final de la Liga de Campeones en Moscú, Ferguson tendrá la oportunidad de eliminar de una vez por todas esta única duda que ligeramente ensombrece su brillante carrera.

Cómo ha hecho Ferguson para crear un equipo ganador tras otro a lo largo de tanto tiempo es una pregunta que se estarán haciendo muchos entrenadores, entre ellos Frank Rijkaard, despedido del Barcelona porque su equipo de todos los talentos, sencillamente, se quedó sin gas; perdió todo deseo ganador.

Parte de la respuesta es que Ferguson es un individuo espectacularmente fuera de lo común -un ganador innato tipo Lance Armstrong-, al que le motiva un deseo inapagable, una cualidad medio demencial que debe de provenir de sus genes o de su particular anatomía psicológica, o de una mezcla de las dos cosas. Cualquiera que se haya detenido a observar un poco al escocés durante estas dos décadas se habrá fijado que delata muchas de los síntomas del hombre acomplejado. Quién sabe qué trauma infantil habrá vivido o qué resentimientos históricos alberga, pero el hecho es que se comporta en la mayoría de sus entrevistas y ruedas de prensa con una irritabilidad y unos modales tan bruscos que, a su lado, Bernd Schuster parece Rijkaard, el caballero más sereno de la tierra. Y no hay entrenador más paranoico que el desagradable escocés a la hora de echarle la culpa de las derrotas a los árbitros.

Lo cual contribuiría a la tesis bastante generalizada de que es difícil ser una buena persona y un gran triunfador al mismo tiempo, a no ser por el hecho de que existen grandes excepciones... como Paul Scholes y Ryan Giggs.

El pelirrojo centrocampista inglés del Manchester y el extremo izquierdo galés, los dos soldados más fieles a Ferguson, ofrecen otra de las explicaciones del secreto del éxito del Manchester. Increíblemente, Giggs ha estado en el primer equipo del Manchester desde 1990, lo que significa que ha ganado los 10 títulos que ha ganado Ferguson. El domingo pasado, en el último y decisivo partido de la temporada inglesa, saltó del banquillo, igualó el récord de Bobby Charlton de 758 partidos jugados para el club y marcó el gol de la victoria.

Scholes, que ha ganado ocho ligas desde su debut en el primer equipo en 1994, es un personaje, si cabe, incluso más ejemplar. Scholes es el anti-Ronaldinho. No en su forma de jugar, porque tiene un talento descomunal; pero sí en su actitud hacia la vida y hacia su profesión.

Vive con absoluta tranquilidad con su mujer y sus tres hijos en el anónimo pueblo de Oldham, al lado de Manchester, donde nació. Y divide su vida entre su familia y el fútbol. Nada más. Ninguna novia, ninguna noche de borrachera orgiástica, ningún exceso de ningún tipo.

Scholes es una persona, además, que cuando se le presenta un obstáculo hace todo lo que puede, y más, para superarlo. Ronaldinho, al menos uno tiene la impresión, ve el obstáculo y espera a que se vaya, preferiblemente en un bar en el que toquen música brasileña. La temporada pasada Scholes tuvo un problema en el ojo que tenía perplejos a los médicos. Tenía la vista tan borrosa que no podía jugar. Parecía que su carrera se había acabado. Pero esta temporada, con 33 años, ha vuelto a ser titular indiscutible en el equipo, el jugador que marcó el golazo de la victoria contra el Barcelona en semifinales de la Champions, el eje del juego del Manchester United, el director de orquesta que Cesc Fàbregas, el joven general del Arsenal y la selección española, ha identificado como su modelo a seguir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de mayo de 2008