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Editorial:

Brasil se gana la confianza

La economía brasileña se ha convertido en una de las más atractivas de Latinoamérica y, probablemente, una de las más prometedoras del mundo. Crece por encima de la media, ha reducido sus desequilibrios tradicionales, según se desprende de los informes de las instituciones internacionales y, además, ha conseguido diferenciar sus exportaciones, de forma que ha encontrado nuevos nichos en el exterior para sus productos. Es el caso de las energías alternativas o renovables, que el Gobierno estimula con especial dedicación, a sabiendas de que pueden constituir un factor de diferenciación de riqueza en el futuro próximo.

Cabe destacar, en cambio, que las expectativas de los organismos económicos internacionales y de los mercados tras la llegada al poder de Lula rebosaban escepticismo, cuando no flagrante rechazo. Estas actitudes procedían del automatismo con que se identifica cualquier orientación política que no sea neoliberal o liberal con incapacidad de gestionar economías en situación delicada. Pero resulta que las políticas económicas de Lula han sido acertadas, al menos en líneas generales. La más beneficiosa en conjunto para el país ha sido la orientación hacia la estabilidad macroeconómica, y así lo reconocen ahora, rectificando su poco velada animadversión inicial, los propios mercados financieros. La señal que mejor define esta mejora es la concesión del Investment Grade, un reconocimiento oficial que mejora considerablemente su calidad de prestatario y como destino de inversión. Pero antes incluso de esta certificación de excelencia inversora, Brasil ya ocupaba un lugar preferente en el grupo de economías emergentes, atrayendo flujos de capital en cantidades importantes, no en concepto de deuda sino de inversión directa.

Como efecto inmediato y acumulado de la estabilidad macroeconómica y la pujanza exportadora, las posiciones de reservas internacionales de Brasil son tan elevadas que el Gobierno está estudiando la creación de un fondo soberano (sovereign wealth fund), a semejanza de los instrumentos inversores organizados en China, los países productores de petróleo, Singapur o Noruega. El objetivo primordial de este fondo sería el de colaborar con los exportadores brasileños en sus operaciones de expansión exterior. El fondo se financiaría con capital público y sus recursos serían absolutamente independientes de las reservas del banco central.

No todo son plácemes ni proyecciones sin riesgo. Hay que observar que durante los últimos meses la fortaleza de la divisa brasileña se ha fundamentado en el encarecimiento de las materias primas que produce, como la soja, y en la persistencia y solidez de flujos de inversión extranjera, especialmente de la inversión directa. El riesgo evidente es que la sobrevaloración del real frente al dólar, que en la actualidad es del 20% aproximadamente, y la desaceleración del comercio internacional derivada de la desaceleración económica actúen negativamente sobre su comercio exterior. Las autoridades brasileñas tampoco deberían olvidar el compromiso de redistribución: la sociedad brasileña mantiene todavía profundas diferencias en rentas y niveles de pobreza muy elevados que deberían reducirse mediante políticas fiscales más decididas. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de mayo de 2008