Reportaje:

La vida rota de "un chico normal"

"Ojalá hubiera muerto", dice el conductor que causó el choque de Torremolinos

La vida de Jesús G. R., de 27 años, cambió en sólo unos segundos. Fue el sábado pasado, cuando su todoterreno Kia Sportage de color negro colisionó con la mediana de la AP-7, en Torremolinos, y se estrelló contra un autocar repleto de turistas finlandeses. El accidente causó nueve muertos y varias decenas de heridos. La existencia de "un chico normal" también ha quedado rota. "Mi hijo está muy afectado. Dice que ojalá hubiera muerto allí mismo", relata su padre, Jacinto, a la puerta de su habitación de la cuarta planta del Hospital Clínico de Málaga.

Jacinto, ex propietario de una empresa de coches de alquiler, y María Jesús, enfermera del Hospital Materno-Infantil malagueño, son padres de tres hijos y han criado a dos sobrinos que quedaron huérfanos al morir su madre. Viven en un piso del barrio malagueño de Carlinda, lindando ya con el campo. Ni los inquilinos de su bloque saben que "el chico del todoterreno" que supuestamente causó la catástrofe de Torremolinos es vecino suyo. Prueba de que la familia ha optado por llevar el asunto con discreción, casi con secretismo.

"Jesús es formal y trabajador", señala el padre del piloto del todoterreno
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Jesús regresaba a Málaga después de estar con su novia en Fuengirola. Conducía su todoterreno, matriculado el 19 de junio de 2007 y asegurado en la compañía Zurich. Circulaba por el carril izquierdo de los tres existentes en la autopista, cuando al tomar una curva hacia la izquierda, cuesta abajo, chocó con la valla separadora de las dos calzadas. Salió rebotado e impactó contra la parte trasera de un autocar que iba en la misma dirección, haciendo que éste volcase. El guardacarril metálico penetró en el autobús como una cuchilla y mató a nueve de los pasajeros.

"Mi hijo no bebe alcohol. Lo que suele tomar son refrescos", afirma el padre de Jesús. Pero es evidente que aquel día había ingerido al menos tres o cuatro cervezas, ya que la prueba de alcoholemia que le hizo la Guardia Civil arrojó una tasa de 0,50 miligramos por litro de aire expirado. En un hombre fuerte como él, con 90 kilos de peso, no se puede decir que fuera ebrio, pero sí que tenía sus reflejos mermados, según fuentes de Tráfico.

"Es un chico que siempre llama si se va retrasar en llegar a casa. Es formal y trabajador", asegura su padre, que afirma tener una carta de los jefes de su empresa -que entre dientes dice que se llama Hormasa o algo parecido- que así lo atestiguan. Está a punto de facilitar el escrito para probar sus palabras, pero cuando vuelve a salir de la habitación hospitalaria se disculpa: "Mi mujer no me deja". Se niega a revelar en qué trabaja Jesús. Todo es secreto. Que obtuviera en 2005 el permiso para manejar camiones induce a pensar que esté empleado de conductor.

El abogado de Jesús, Francisco Picornell, es también un muro de silencio: "No quiero dar tres cuartos al pregonero".

El presunto causante del accidente ya no tiene vigilancia policial en el hospital. Pero tardará aún unos 10 días en recibir el alta, ya que sufre una fractura-luxación de dos vértebras cervicales. Aún no ha declarado ante el juez.

En sus comentarios a la Guardia Civil admitió que circulaba a unos 130 kilómetros por hora, aunque posteriormente rectificó y rebajó esa velocidad a 120. El último informe de la Guardia Civil de Tráfico, publicado ayer por el diario Sur, considera que "circulaba de forma temeraria e imprudente, con un total desprecio, no solamente para su vida, sino para el resto de los usuarios de la vía, debido a la velocidad tan desmesurada a la que circulaba". Los especialistas creen que el vehículo no habría hecho volcar al autobús si hubiera rodado sólo a 120 kilómetros por hora.

José Jiménez, de 53 años, conductor del autocar, vecino de Villafranco del Guadalhorce, está "muy triste" por lo ocurrido, según la familia. Sufre traumatismo craneal con derrame, cinco costillas rotas, y afectada la columna vertebral. "Jamás había tenido un accidente en 21 años de chófer", dice un familiar.

Ayer seguían hospitalizadas en Málaga 13 personas, entre las que hay una mujer finlandesa que se encontraba en situación crítica.

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