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Crítica:

La mala hierba

En el cine de terror norteamericano, las víctimas han dejado de ser jóvenes sexualmente activos para pasar a convertirse en... turistas. El peligro ya no está en el intercambio de fluidos, sino en el cruce de fronteras. En el fondo, siempre se trata de que el infierno sean los otros. Quizá sólo sean conscientes de la perversidad ideológica de este proceso cineastas como Eli Roth, empeñados en darle a todo el discurso una malintencionada vuelta de tuerca. Las ruinas es, así, síntoma de un nuevo repertorio de miedos, quizás el mensaje cifrado de una comunidad empeñada en revitalizar su turismo interior.

El debutante Carter Smith, que aquí adapta el éxito de ventas de horror de Scott Smith -que no es su pariente, sino el autor del libro que inspiró la sobresaliente Un plan sencillo (1998), de Sam Raimi-, logra, no obstante, articular una pesadilla que, en sus formas externas, se revela limpia de esos lugares comunes que suelen lastrar el género. Una pirámide maya, rodeada de hostiles lugareños y tomada por una hiedra mutante y carnívora, sirve de escenario para este ejercicio de estilo alrededor del terror de insolación y la angustia agorafóbica, que supone antes una pequeña y gratificante sorpresa que una auténtica revelación.

LAS RUINAS

Dirección: Carter Smith.

Intérpretes: Jonathan Tucker, Jena Malone, Shawn Ashmore, Laura Ramsey.

Género: terror.

Australia-Estados Unidos, 2088.

Duración: 91 minutos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de abril de 2008