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Crónica:32ª jornada de Liga

Síndrome del descenso

El Valencia, muy nervioso, también cae en Mestalla ante un Racing que huele la 'Champions'

La cara desencajada de Marchena al acabar el encuentro mostraba toda la ansiedad y el miedo que atenaza al Valencia de aquí hasta que acabe la temporada. A Mestalla ya no le quedan ganas ni fuerzas para quejarse, sino temores de que se repita la amarga experiencia de hace 22 años, cuando el equipo bajó por primera vez a Segunda. La final de Copa no puede evitar que el síndrome del descenso sea cada vez más visible: equipo desorientado, nervioso, mal dirigido y, ayer, desafortunado.

VALENCIA 1 - RACING 2

Valencia: Hildebrand; Caneira (Miguel, m. 61), Albiol, Alexis, Moretti; Joaquín, Marchena, Baraja (Arizmendi, m. 85), Edu (Villa, m. 61), Silva; y Morientes. No utilizados: Mora; Banega, Vicente y Helguera.

Racing: Toño; Pinillos, Moratón, Oriol (César Navas, m. 77), Ayozé; Jorge López (Pablo Álvarez, m. 61), Duscher, Colsa, Serrano; Munitis (Smolarek, m. 68) y Tchité. No utilizados: Mario; Luis Fernández, Orteman y Bolado.

Goles: 0-1. M. 60. Colsa cabecea, para Hildebrand y el propio Colsa remata con la izquierda. 1-1. M. 64. Villa, de penalti. 1-2. M. 83. Tchité, a pase de Pablo Álvarez.

Arbitro: Ramírez Domínguez. Amonestó a Caneira, Duscher, Oriol, Silva y Marchena.

Unos 50.000 espectadores en Mestalla.

Koeman dispuso un equipo que no era capaz de dar dos pases seguidos

El gol de Tchité fue en fuera de juego, pero no lo advirtió el juez de línea

Todo eso le ocurrió ante un Racing que confirmó su rutilante temporada con un partido en el que volvió a sacar el máximo rendimiento de sus escasos recursos. Otra vez impulsado por la cabeza privilegiada de Marcelino en el banquillo, que decidió dominar la primera parte y dejar hacer en la segunda, que es cuando dio el golpe definitivo en dos ataques sorpresa. La velocidad de Pablo Álvarez como extremo derecho resultó definitiva. Convirtió al lateral Moretti en un guiñapo y su centro al segundo palo lo remató Tchité en un KO fulminante.

Justo en el momento en el que el equipo de Koeman parecía remontar el vuelo. Justo cuando el técnico holandés había deshecho su propio desaguisado en la alineación. Justo cuando Mestalla creía que la victoria estaba al alcance, surgió Pablo Álvarez y puso al Racing acariciando la Liga de Campeones y completando una campaña colosal.

Resulta que al Racing, que suele sentirse más cómodo dando la iniciativa, no le quedó más remedio que tomarla. Se vio obligado a ello. Más que nada, porque el Valencia, preso de la impotencia, había abdicado de ese derecho casi consuetudinario. Y el equipo de Marcelino vino a dominar, a sumar ocasiones y a sentirse como en casa. Sólo le faltaba que Tchité aprovechara alguna de esas concesiones de la zaga valencianista.

Koeman rizó el rizo de la impericia al colocar a tres mediocentros -Marchena, Edu y Baraja- que constituyeron un embudo inevitable. Eran más de lo mismo. Lentos, estáticos y redundantes. Baraja, más adelantado de lo habitual, envejeció de repente un lustro. Después de su brillante actuación ante el Barça en la Copa, El Pipo ha desaparecido misteriosamente.

El Racing se tomó la segunda parte con más calma. En realidad, volvió a sus esencias. Esconderse para aguijonear. Así estaba, viendo pasar la tarde, cuando se elevó Colsa varios palmos por encima de la defensa. Su cabezazo, repelido por Hildebrand, lo embocó el propio Colsa con la izquierda.

Koeman, que ya tenía pensado dar paso a Villa y a Miguel, aceleró los cambios. Se desprendió de uno de los tres mediocentros (Edu) y el juego del Valencia se vigorizó de manera instantánea. Morientes entró en acción. Joaquín desbordó por la derecha. Villa se dejó caer por la izquierda. Y Baraja retrasó su posición al círculo central, donde podía participar en la distribución.

Morientes puso el anzuelo con una serie de quiebros y Duscher picó. Lo tocó dentro del área y el penalti lo transformó Villa. El Valencia parecía que iba a por el partido sin darse cuenta de que tenía una avería de agua por su costado izquierdo. Muy grave.

Ahí Pablo Álvarez, refresco de Marcelino, se iba de Moretti con mucha facilidad. Lo dejó en evidencia dos veces. En la primera, el lateral italiano empezó a empujarle fuera del área y lo siguió empujando dentro. Y en la segunda, Pablo Álvarez ya no se dejaría cazar. Se escapó y su centro raso y ligeramente combado lo remató al segundo palo Tchité. Era fuera de juego, aunque no lo advirtió el juez de línea, mal colocado. El mundo le cayó encima al Valencia. Y el síndrome del descenso, también.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de abril de 2008