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COLUMNA

Duelo en las profundidades

Madrid se hunde por el centro, el epicentro de los corrimientos de tierras que socavan sus inestables cimientos se halla bajo la superficie de la heliocéntrica Puerta del Sol, territorio tenebroso en el que se lleva a cabo una soterrada y sorda guerra entre dos fuerzas en principio condenadas a entenderse y a colaborar por el bien común de los ciudadanos, cuya representación ostentan. Pero el Ministerio de Fomento y la Comunidad de Madrid se enfrentan alrededor de cada nuevo agujero en sus respectivas y superpuestas obras del ferrocarril de cercanías y el Metro. En la última escaramuza librada en las profundidades, el contumaz consejero de Transportes de la Comunidad, Manuel Lamela, implacable inspector de alcantarillas, se adelantó a sus rivales para posar junto al penúltimo socavón de Sol que exhibió a los informadores como un trofeo de guerra, un daño colateral causado por las obras de la macroestación de Cercanías que construye el Ministerio de Fomento.

"Fui edificada sobre agua", reza el lema de la ciudad horadada por mil pozos y otras tantas galerías

A la cabeza de ambos bandos, el ministerial y el comunitario, figuran dos políticas belicosas y curtidas en la brega, Magdalena Álvarez, experta fajadora capaz de aguantar a pie de obra y sin amilanarse todo tipo de crisis y catástrofes, y Esperanza Aguirre conocida por su agresiva esgrima. En la pugna dialéctica en la que se enzarzan con harta frecuencia a raíz de túneles, agujeros, autopistas o estaciones, cabe incluso el sarcasmo utilizado por Magdalena como arma defensiva ante las provocaciones de su rival. En plena campaña electoral, la ministra de Fomento, invitó a la presidenta de la Comunidad a inaugurar la estación del suburbano de la T-4, como pretendía hacer, "colgada de la catenaria", que era lo único que había sufragado.

Esperanza colgada de la catenaria y Magdalena lapidada con las piedras de todos los socavones y hundimientos que se producen en las obras públicas participadas y, mientras la guerra continúa entre las partes contratantes, los operarios de las partes subcontratantes se debaten en un conflicto de lealtades. Los trabajadores de Fomento de Construcciones y Contratas (FCC) y de COMSA, su empresa subcontratada para limpiar el balasto de las vías, no avisaron del socavón inaugurado por Lamela a los técnicos del ministerio, sino a los responsables del Metro, sus rivales en la pedestre campaña que para mejorar Madrid ha tenido que estropearlo mucho más de lo que estaba. Socavones, corrimientos, retrasos, suspensiones, la construcción de nuevas infraestructuras de transportes públicos ha paralizado en numerosas ocasiones los transportes públicos, subterráneos y de superficie, cuando sus poderosas tuneladoras y otras maquinarias pesadas han irrumpido en el exterior traspasando el asfalto.

"Fui edificada sobre agua", reza el lema de la ciudad horadada por mil pozos y otras tantas galerías y pasadizos, las filtraciones de agua por rotura de tuberías y las consiguientes inundaciones han sido muy frecuentes en los cinco años y un día que dura la pesadilla, las tunelizadas entrañas de la ciudad se resienten de tanto by-pass de urgencia. En la refriega entre Fomento y la Comunidad vale todo, los restos de la iglesia del Buen Suceso, del siglo XV, que afloraron en Sol hicieron que la obra de la estación estuviera paralizada durante seis meses. Exceso de celo comunitario llamaron a esto los afligidos, humillados y ofendidos representantes de Fomento, una provocación más de sus rivales, que gozan cuando se incumplen los plazos. Y mientras ellas y ellos siguen a lo suyo, las responsabilidades de la feliz empresa contratada y subcontratante se diluyen en una cortina de humo que proporciona titulares de periódicos a los políticos y reparte incomodidades y riesgos a los sufridos ciudadanos. FCC, la empresa de Esther Koplowitz, trabaja a su aire con la impunidad garantizada mientras dure la contienda entre sus patrocinadores: ahí se las den todas.

El lunes pasado reabrió al público el tramo agujereado y mil veces parcheado de la línea 2 del Metro entre las estaciones de Banco de España y Ópera y las partes en conflicto firmaron de mala gana la tregua. Pero el consejero Lamela, más relajado, fiel a su máxima: "ni un día sin foto", se hizo retratar entrando al metro de la Casa de Campo, llevando del manillar una bicicleta; el carril bici-metro quedaba inaugurado, en las horas de menor afluencia de viajeros los usuarios podrán llevar consigo sus bicicletas, una gran opción: cuando los agujeros se reproduzcan y las líneas se corten, los viajeros podrán circular, dando pedales que es más sano, entre las estaciones afectadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de marzo de 2008