Crónica:LA CRÓNICACrónica
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Aprender en Camerún

La foto que ilustra esta crónica fue tomada hace 10 días desde uno de los vehículos del convoy de evacuación que condujo a un grupo de europeos a través de Camerún hasta el aeropuerto de Yaoundé, la capital, para ser evacuados de un país que vivía jornadas de mucha tensión. Parte de los evacuados con protección militar eran barceloneses, y no turistas precisamente.

Una huelga general espontánea había paralizado desde finales de febrero todo el país. Hubo al menos 24 muertos, según France Press, muchos heridos y 1.500 detenidos. Todo comenzó con una huelga de taxistas en protesta por el quinto aumento del precio de los carburantes en poco tiempo. Se unieron los transportistas, hubo asaltos a gasolineras, cierre de las carreteras con barricadas, como la que se ve en la foto, que cerraba el paso con los esqueletos de coches incendiados. Y fuerte represión por parte del ejército camerunés. A los motivos económicos se sumó el malestar político derivado de la intención de Paul Biya, presidente del Camerún, de modificar las leyes a fin de perpetuarse en el poder.

Jordi Piñol, el autor de la imagen, me contó ya en Barcelona que el grupo de barceloneses tardó en enterarse de la situación, pero en cuanto conocieron la magnitud de la revuelta usaron los móviles para, a través de los líderes sindicales barceloneses y el alcalde Hereu, establecer contacto con el Ministerio de Exteriores, y de este modo se pudo organizar la evacuación. Están todos de regreso aquí, sanos y salvos.

No eran turistas sino personas más o menos directamente vinculadas a uno de los más interesantes proyectos de cooperación internacional de los muchos que tienen en Barcelona su centro neurálgico. Tal como me explicó Josep París, gerente del Col·legi Oficial d'Infermeria de Barcelona (COIB), el Curso de Cooperación Internacional del COIB mantiene un centro de salud en el pueblo de Bakou, en Camerún, y envía cada mes a tres de las enfermeras matriculadas en ese curso a hacer sus prácticas allí. "En lugar de traer enfermeras africanas para enseñarles, enviamos enfermeras de aquí para que aprendan a trabajar en las condiciones precarias propias de la cooperación internacional, en Camerún o donde sea", contó París. El centro, organizado por el COIB en colaboración con una ONG local, atiende a una población de 10.000 personas en esa aldea de la sabana camerunesa.

"Estamos comprobando que podemos construir juntos proyectos como éste, en el que no vamos a enseñar, sino a aprender de los cameruneses", dice París. Con el apoyo de las autoridades locales, tanto políticas como familiares y de clan, el centro de salud funciona, pero no como un proyecto de caridad ni de solidaridad, dice el gerente del COIB, "sino de cooperación". "Ni damos, ni ayudamos, sino que colaboramos". El trabajo allí es duro, pero desde 2002 en torno a 130 enfermeras barcelonesas han realizado estancias de un mes en un centro con 20 camas hospitalarias y con instalaciones quirúrgicas. Una vez al año van equipos de la clínica Barraquer para operar cataratas, por ejemplo. La experiencia sirve para consolidar la vocación de las alumnas del curso, o para que comprendan que las condiciones son demasiado exigentes, hay toda clase de reacciones. Las circunstancias de la otra semana no aconsejaban que nadie se quedara, y desde Bakou París logró que el grupo de tres nuevas enfermeras que viajaban rumbo a Camerún se apeara de su avión en Casablanca. En cuanto la situación se estabilice, nuevos grupos de enfermeras viajarán a Bakou. Hay mucho que aprender.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0009, 09 de marzo de 2008.