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Reportaje:

El enigma de la fosa de Alcalá

La justicia intenta averiguar de quién son los huesos hallados en un cuartel

Alcalá de Henares

Los restos humanos, cráneos, tibias y mandíbulas, hallados el pasado 11 de febrero en una fosa situada dentro de un recinto militar en obras, de la localidad madrileña de Alcalá de Henares, a 32 kilómetros al este de Madrid, se encuentran para su examen en el Instituto Toxicológico de Majadahonda, en la periferia septentrional madrileña. Así lo señalaron ayer fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM). "Mientras no concluya el análisis de los huesos y restos encontrados, no será posible establecer a quién pertenecieron ni qué jurisdicción se hará cargo de su competencia", añadieron las mismas fuentes.

Un exhorto en demanda de peritaje forense y dirigido "por proximidad" al Juzgado de Instrucción número 3 de Alcalá de Henares, cuyo titular es Joaquín Brage, que fue enviado por el juez togado militar territorial número 11 -la Justicia Militar en la zona carece de forensía propia- puso en marcha el dispositivo judicial. Dictaminará sobre los restos allí hallados, que corresponden a un número impreciso de cadáveres -según testigos, podrían ser ocho-: presentaban al menos un orificio de bala en un cráneo; se hallaron también varias tibias quebrantadas.

El 12 de agosto de 1939, los archivos alcalaínos ardieron en un incendio

"Una vez que se haya definido el origen de los restos y evaluada la calidad de las pruebas", subrayan fuentes del TSJ de Madrid, "se sabrá si su antigüedad permite adscribirlos a la justicia penal o no", añadieron. Las dudas competenciales, en caso de perpetuarse tras los análisis, las resolvería la Sala de Conflictos formada por el presidente del Tribunal, dos magistrados de la jurisdicción penal y otros dos de la jurisdicción militar, destacaron.

Los huesos, junto con algunas hebillas y botones a unos 2,75 metros de profundidad, fueron detectados por un electricista y un soldado mientras asistían al faenar de una excavadora sobre un espacio en el que se construirá el muro perimetral de una nueva unidad militar. El caso ha despertado expectación a consecuencia de la ubicación de la fosa sobre un escenario, militar desde 1932, que registró, durante la Guerra Civil y la posguerra, varios hechos contovertidos. Entre ellos, una serie de enterramientos urgentes de combatientes del bando republicano, caídos en el cercano frente del Jarama y sepultados por esa zona durante la contienda; igualmente, el secuestro en 1937 del líder troskista catalán Andreu Nin, presuntamente a manos de agentes de la policía política de Stalin, que se cree que lo asesinaron luego. Familiares de Nin se han brindado a colaborar con la justicia para hallar sus restos y contribuir a esclarecer su muerte. No obstante, José Manuel de Ezpeleta, de la asociación Mártires de Paracuellos que ha investigado la historia de la zona durante la contienda, dice: "El rastro de Nin se perdió en El Pardo" (distante 30 kilómetros del lugar del hallazgo).

El 12 de agosto de 1939, terminada ya la guerra, el archivo histórico de Alcalá -donde poseían tierras familias republicanas- fue destruido por un incendio. En septiembre de 1947, la villa complutense registró las ejecuciones sumarias de decenas de miembros de una supuesta organización comunista a quienes se acusó de la voladura de un polvorín, que causó 20 muertes, según fuentes locales. La cárcel alcalaína fue, bajo el franquismo, uno de los presidios con mayor represión y resistencia de los presos políticos. Hace dos años surgió un hallazgo similar al reciente, en una finca a dos kilómetros del ahora descubierto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de marzo de 2008