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Reportaje:ELECCIONES 2008 | Campaña electoral

La soga en casa del ahorcado

Pizarro afirma ante un dolorido Aznar: "Lo peor es la mentira; el gobernante que miente, se va"

Aznar es un personaje cada vez más atractivo. No por su discurso político, ni siquiera por su cuidada melena de poeta, sino por la carga creciente de amargura que arrastra. Hasta que el ex presidente se subió ayer al estrado, el mitin del PP en Valdemoro fue una fiesta. Música a todo volumen, centenares de jubilados felices llegados en más de 30 autobuses aparcados en la puerta, Esperanza Aguirre marcándose un vallenato y Manuel Pizarro siguiendo disciplinadamente su curso acelerado de cómo convertirse en político en 15 mítines y un debate. Pero entonces llegó Aznar y dijo:

-Han sido cuatro años muy duros... Yo no tengo ya ninguna ambición personal... Si alguien ha sufrido todas las descalificaciones del mundo ése he sido yo... Que nadie espere de mí chascarrillos ni tonterías...

El ex presidente en el mitin: "Yo he sufrido mucho en estos cuatro años"

Los populares se centran en ETA, pero sin apoyar a los socialistas atacados

Mal rollo. El mitin iba camino de desembocar en un diván. Cómo vería el personal a su líder que hubo un momento -después de una de esas frases tan tristes- que el polideportivo se levantó y le ovacionó de una manera terapéutica al grito de "¡a por ellos, oé, a por ellos, oé!". Aznar ensayó la sonrisa de un convaleciente, pero enseguida volvió a sus achaques:

-Yo no tengo dos caras. Sólo tengo una, aunque a veces me la rompan... Yo he sufrido mucho...

No había manera. El ex presidente del Gobierno tenía un día intenso. Si es verdad lo que dijo el poeta de que "con los buenos sentimientos sólo se hace mala literatura", Aznar ayer no corría ese peligro. Sus palabras rezumaban resentimiento hacia los socialistas. Quizás no tanto por arrebatar la victoria a Rajoy en 2004, sino por haberle impedido pasar a la Historia con mayúsculas. Su apoyo a la invasión de Irak y, sobre todo, la sombra de la mentira en torno al 11-M siguen persiguiéndole. De ahí que las palabras del voluntarioso Pizarro sonaran extrañas. La escena no tenía desperdicio. Aznar -jersey de pico verde, camisa blanca, pulsera de cuero en la muñeca derecha, peinado juvenil- sentado en primera fila, junto a Esperanza Aguirre. En la tarima, sudoroso como quien se gradúa, Manuel Pizarro. Y, de pronto, el ex presidente de Endesa se pone a pasear por un jardín inoportuno:

-Lo peor en política es la mentira. El gobernante que miente, se va.

Pizarro, claro, se estaba refiriendo a Zapatero, pero quien estaba allí delante, mirándolo fijamente, era Aznar, el mismo que fue abucheado al salir de votar el 14 de marzo de 2004 por el uso que hizo de la información en las horas que siguieron al atentado islamista. Aquella escena -dicen los que le conocen bien- la lleva todavía Aznar grabada a fuego, así que las palabras repetidas del aprendiz de político -Pizarro tiene la costumbre de repetir cada consigna- no podían sonar más inoportunas:

-Lo peor en política es la mentira...

Lo que le faltaba ayer al decaído Aznar. Y eso que sus teloneros se esforzaron por agradarle la jornada endureciendo el discurso hasta el límite. Francisco Granados, consejero de Presidencia e Interior de la Comunidad de Madrid, no se anduvo con contemplaciones. Llegó a decir: "¡Qué mal deben estar las cosas en el PSOE para que estén convirtiendo en líder de la izquierda al doctor Mortis!", en sucia referencia a Luis Montes, el médico del hospital de Leganés denunciado por el Gobierno regional del PP bajo la acusación de practicar sedaciones ilegales y absuelto después -algo que Granados se olvidó de decir- por los tribunales de justicia. Daba igual. Desde el público, una señora sentada junto a la tribuna de prensa y ataviada con una cinta rojigualda en el pelo, gritaba fuera de sí:

-¡Los mataba! ¡Mataba a los enfermos!

Y la gente aplaudía. Dado lo manejable del polideportivo -los partidos huyen de los lugares grandes cuando no están seguros de llenarlos ni a golpe de autobús- el modelo interactivo se impuso. Cuando Esperanza Aguirre decía que estaba en contra de que a las uniones homosexuales se les llamara familia, la señora o su vecino de asiento gritaban: "¡Maricones, fuera los maricones!". Cuando era Pizarro quien decía que los socialistas estuvieron bajo el mismo techo que los terroristas de ETA, el grito era: "¡Asesino, Zapatero asesino!". Y cuando Aznar añadió: "Zapatero lleva desde el 2002 negociando con ETA". Alguien desde el público dijo: "¡Y sigue!". Aznar, dominando la escena, se volvió para recoger el guante:

-Y seguirá... Seguirá negociando con los terroristas si no lo impedimos nosotros.

Como en todos los mítines del PP se habló mucho de ETA, aunque en ningún momento para condenar o mostrar solidaridad con los concejales socialistas que en los últimos días -y ayer mismo en Tolosa y en Andoain- están sufriendo el acoso de los terroristas. Un despiste sin más. Un olvido sin importancia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de marzo de 2008