Análisis:ELECCIONES 2008 | Campaña electoralAnálisis
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Alianzas y nacionalismos

Una de las pesadeces del oficio es tener que discutir con los amigos madrileños sobre el nacionalismo español. Tan despiertos a la hora de detectar actitudes nacionalistas entre los periféricos, no ven lo que está ocurriendo en su propia casa. Y digo casa porque el lenguaje de las patrias siempre se mueve entre lo familiar y lo tribal. Convencidos, sin el atisbo de una duda, de que todos los catalanes de CiU o de Esquerra Republicana y hasta muchos del PSC son nacionalistas catalanes, expresan su desconcierto cuando les dices que Zapatero y Rajoy son dos nacionalistas españoles. E incluso si les hablas de un nacionalista de caricatura y tebeo como José María Aznar. Es otra cosa, dicen. Y no hay manera de hacerles entender que es exactamente lo mismo, salvo que aplicáramos el injusto criterio de que, para decirlo a la aristotélica, el paso de la potencia nación a su realización como acto en forma de Estado exime de la condición de nacionalista.

Sé perfectamente que en estos temas lo irracional siempre se impone a lo racional. Y por tanto, que seguiré teniendo que discutir con mis amigos madrileños lo evidente: que Aznar es tan nacionalista como Pujol, pongamos por caso. Pero el Pulsómetro de la SER ofrecía ayer datos muy expresivos: el 70% de los electores del PP preferirían un pacto con el PSOE. O sea que después de cuatro años de zurrar sin parar al Gobierno, después de haber ritualizado la división del país en dos frentes absolutamente irreconciliables, a la derecha nacional le bastaría una noche para olvidarlo todo y buscar la gran coalición con el sedicioso enemigo. "Antes roja que rota", como diría la autoridad competente.

Si vamos al otro lado, las cosas son distintas, pero no tanto. La existencia de un pariente ideológico -Izquierda Unida- permite guardar mejor las apariencias. El 63% de los electores del PSOE prefieren a Izquierda Unida como futuro socio de coalición. Cosa lógica y razonable. Pero son más (el 18%) los que optarían por la alianza con el PP que los que están dispuestos a seguir pactando con los nacionalismos periféricos (el 13%). Lo cual es, por lo menos, un gesto desagradecido en una legislatura en que el PNV, Esquerra e incluso CiU les han sacado más de una castaña del fuego.

Siendo conocido que el nacionalismo es la enfermedad política más extendida del mundo, estos datos no tienen nada de extraño. Lo raro es que en Madrid sigan negando que el nacionalismo español exista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 27 de febrero de 2008.

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