El 'burkini' resbala en las piscinas holandesas

Dos mujeres han sido obligadas a abandonar instalaciones deportivas por vestir el traje de baño musulmán

El burkini, traje de baño musulmán que cubre brazos, piernas, cabeza y cuello de la mujer, ha irrumpido con polémica en las piscinas holandesas. Fabricado en poliéster, absorbe poca agua, se seca rápido y resiste el cloro, pero sus usuarias desconciertan al resto de los bañistas.

De ahí que las dos que lo han lucido hasta ahora fueran invitadas a abandonar el lugar por la dirección. Una decisión contraria a la política del Gobierno de centro-izquierda, que considera que el burkini "favorece la integración de las musulmanas en el deporte nacional".

El último caso se ha producido en Zwolle, una localidad de 115.000 habitantes al este del país. Liselotte Buitelaar fue invitada a abandonar el agua por parte de dos monitores. El episodio provocó la repulsa del Ayuntamiento, partidario de evitar la segregación de los distintos colectivos locales. A pesar de que la piscina no es municipal, recibe un subsidio anual de 1,5 millones de euros que podía peligrar de haber mantenido su negativa a aceptar los nuevos trajes de baño. Anoche, sus responsables rectificaron su postura en una nota y aceptaron dicha prenda. "Una realidad que no se había evidenciado hasta la fecha", aseguraron. El cambio de enfoque coincide con el parecer de la secretaria de Estado de deporte, Jett Bussemaker. El pasado diciembre, la política aseguró ante el Parlamento que el burkini "no islamiza el entorno deportivo, y es higiénico y seguro".

Una mujer ataviada con un <i>burkini</i> sale del mar<i>.</i>
Una mujer ataviada con un <i>burkini</i> sale del mar<i>.</i>REUTERS

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