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Reportaje:

Los antitaurinos ganan su primera batalla

Las restricciones a la entrada de menores a distintas plazas son la primera victoria - La lidia pierde adeptos, pero gana dinero

En España mueren más de 11.000 reses bravas todos los años en el albero. Arte centenario para unos, sangría gratuita para otros. La tauromaquia genera posturas irreconciliables. En los últimos años las voces que piden su supresión se hacen oír con más fuerza que nunca. A los ecologistas se les han unido algunos partidos nacionalistas. Su activismo coincide, sin embargo, con un momento dulce para los taurinos. Tras una larga travesía por el desierto, una nueva generación de toreros ha devuelto la ilusión a los aficionados y ha atraído la atención de los medios de comunicación. El último pulso entre ambos bandos tiene su campo de batalla en la protección de la infancia. ¿Es lógico que los niños puedan asistir a un espectáculo donde la muerte está presente? ¿Hay estudios científicos que avalen su alejamiento de las plazas?

En España mueren cada año más de 11.000 reses bravas en el albero

El sur de Francia se ha convertido en un santuario para los taurinos

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El Gobierno francés, a propuesta de las asociaciones protectoras de animales, ha anunciado que estudiará prohibir el acceso a los menores de 16 años a las corridas de toros. Eso sí, Nicolas Sarkozy, aficionado taurino confeso, ha querido dejar claro que este paso no supone compromiso alguno y que la tauromaquia no será eliminada sin consenso. "Nosotros le debemos el mismo respeto a las convicciones tanto de los opositores como a las de los defensores de las corridas", han señalado desde el Elíseo. La propuesta que ahora se estudia en Francia está vigente desde hace varios años en Cataluña. En esta comunidad los menores de 14 años no pueden ir a los cosos ni acompañados. Además, en el País Vasco, se aprobó el pasado mes de octubre el proyecto del nuevo reglamento taurino que dice que los menores de 16 años sólo podrán asistir a los cosos acompañados de un adulto.

El sur de Francia se ha convertido en un santuario para los taurinos. En localidades como Nimes, Bayona, Mont de Marsan, Arles, Dax, Béziers y Ceret hay devoción por la fiesta. Allí las plazas tienen fama de duras por las ganaderías seleccionadas, pero las primeras figuras torean allí cada vez con más frecuencia. Por este motivo, el anuncio del Ejecutivo francés ha sido acogido por las organizaciones contrarias a los toros como el primer paso para su prohibición. "Los padres tienen derecho a educar a sus hijos. El problema es que los menores no tienen capacidad para decidir si quieren asistir a un espectáculo donde se contempla la agonía de un animal. Esta actividad no es un síntoma de civilización sino de barbarie", argumenta Nicolas Biscaye, portavoz de la Société Protectrice des Animaux.

Los empresarios franceses se defienden. Simón Casas gestiona desde hace 27 años la plaza de Nimes. Cuando tomó las riendas de este antiguo coliseo romano sólo había una feria con cinco corridas; actualmente hay dos ferias anuales con un total de 15 festejos. "Tengo dos hijas de seis y siete años que a veces me acompañan a la plaza. Observo su comportamiento y si notase en ellas el más mínimo rechazo no necesitaría una ley para que dejaran de acudir inmediatamente a los toros. Se lo prohibiría yo", razona.

Como suele ocurrir en todo debate, las dos partes esgrimen estudios y opiniones de expertos. Hasta la fecha, uno de los análisis más minuciosos fue encargado en 1999 por el entonces defensor del menor de la Comunidad de Madrid, Javier Urra, a diferentes profesores universitarios y psiquiatras. Las conclusiones finales corrieron a cargo de Enrique Echeburúa, catedrático de la Universidad del País Vasco. "Con los datos actualmente disponibles, no se puede considerar como peligrosa la contemplación de espectáculos taurinos por menores de 14 años. (...) No hay bases suficientes para sustentar científicamente una medida como la prohibición de su entrada en las plazas", asegura este experto. Sin embargo, Echeburúa matiza que deben ir acompañados de un adulto y que no se debe llevar nunca a la plaza a niños con una patología clínica específica (depresión, trastornos de ansiedad).

Las organizaciones contrarias a la fiesta de los toros opinan que prohibir la entrada de menores será insuficiente si no está acompañada de otras medidas como la erradicación de las corridas televisadas en horario infantil. "¿Cómo va a ser bueno para un niño asistir a un evento que supone el máximo ejemplo del maltrato animal, donde además la gente disfruta con ese daño y pide más sangre?", se pregunta Theo Oberhuber, de Ecologistas en Acción.

Los taurinos, por su parte, aseguran que en el ruedo los niños pueden aprender valores positivos. "Yo soy padre y me preocupa mucho más que mis hijos vayan a un campo de fútbol donde hay todos los días muestras de violencia masiva", argumenta Luis Francisco Esplá, matador de toros. "En la plaza, en cambio, no se necesita protección ni se separa a los partidarios de un torero de los del otro. Además, interviene el orden, el rito, lo que inicia a los niños en una serie de pautas y valores que ya no existen en la sociedad", añade Esplá.

Parece evidente que lo que subyace tras el debate sobre la infancia y los toros es una discusión sobre el sentido de la fiesta en el siglo XXI. Los grupos contrarios a las corridas creen que en la sociedad ya no tienen cabida. En octubre de 2006, una encuesta de la empresa Investiga (antes Gallup) concluyó que el 72,1% de la población española afirmaba no tener ningún interés por los espectáculos taurinos y sólo el 26,7% decía sentirse interesada. Estos datos indican una caída del interés por los toros, ya que en 1999 los aficionados alcanzaban el 38% de la población.

Joan Herrera, portavoz de Iniciativa per Catalunya-Verds en el Congreso durante la última legislatura, considera que la tauromaquia debe sufrir una "profunda reforma" para adaptarse a una sociedad con mayor sensibilidad a los temas de maltrato. "Matar a un animal nunca debe ser objeto de un espectáculo público. Las corridas constituyen una tradición desfasada en la que hay elementos sádicos", opina.

En los últimos años, el movimiento contrario a los toros ha trascendido el ámbito de los ecologistas y de los defensores de los animales, dando el salto a la política. Así, el Ayuntamiento de Barcelona, en una decisión sin precedentes, declaró en 2004 la capital contraria a las corridas y a favor de los derechos de los animales. Aunque la medida no es vinculante -las competencias son autonómicas-, es bastante sintomática de la fuerza que están adquiriendo las posturas contrarias a los toros.

Pero también se ha creado una Plataforma en Defensa de la Fiesta en la que además de gentes del gremio y aficionados hay intelectuales como Mario Vargas Llosa y Albert Boadella. La llegada de una nueva generación de toreros -los franceses Sebastián Castella y Juan Bautista, o los españoles Cayetano Rivera Ordóñez y Alejandro Talavante-, y el regreso de José Tomás, escenificado precisamente en la plaza de Barcelona, quizá explica por qué, en contra de la encuesta que habla de declive, el número de festejos taurinos (incluyendo novilladas y rejones) en 2006 fue de 1.989, un 2,15% más que el año anterior. Asimismo, el número de espectáculos taurinos televisados en 2006 subió un 16,5%, según las cifras del Ministerio del Interior. "No hay pretensión de proteger a la infancia. Lo que se busca es cortar la transmisión de la afición de una generación. Entre los 7 y los 14 años se conforman los hábitos de ocio y las costumbres culturales", asegura Luis Corrales, presidente de la Plataforma en Defensa de la Fiesta, sobre la prohibición del acceso de menores a la plaza. Además, asegura que las reformas que se proponen para la fiesta, como la de no matar al toro en la plaza, no tienen fundamento: "Está comprobado que el toro sufriría mucho más si se le mata a posteriori, en frío".

Una hipotética abolición de las corridas de toros tendría consecuencias económicas. El sector factura cerca de 1.500 millones de euros al año y da trabajo directo e indirecto a 200.000 personas. Además, un millar de ganaderías especializadas en la cría de reses bravas ocupan una extensión de 400.000 hectáreas en España, y los taurinos consideran que la supresión de las corridas supondría el fin de un "paraíso ecológico" que quedaría al albur de la especulación.

"El tópico de que la prohibición de los toros destruiría muchos empleos es falso", señala Joan Herrera. Este parlamentario considera que hay que abordar la reconversión del sector. "Sólo basta preguntar a los agricultores en Andalucía lo poco productivo que es dedicar tantas hectáreas de terreno a la cría de toros", concluye.

Las posturas de unos y otros parecen irreconciliables y el debate llega a extremos como el que sufrió Javier Urra cuando, como defensor del menor de la Comunidad de Madrid, encargó el estudio acerca del impacto de la tauromaquia en los menores. "Me llegaron a insultar por la calle e incluso se negaron a servirme un café en determinados bares", recuerda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de febrero de 2008