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Un museo para estudiar a Picasso

El Museo Picasso de París está considerado como el mayor templo mundial dedicado al artista. La historia de sus fondos arranca de 1973, año de su fallecimiento. Al morir, Picasso deja una enorme cantidad de obras a sus herederos, básicamente su última esposa, Jacqueline, y sus hijos.

Gracias a una ley aplicada entonces por primera vez por el Estado francés (la dación o el pago de derechos sucesorios por medio de obras de arte), los herederos saldan sus cuentas fiscales entregando obra del artista al Estado francés. Es así como se dan los pasos para la creación de lo que sería en un futuro el gran museo consagrado a Picasso. Francia recibe cerca de 3.500 obras entre pinturas, esculturas, relieves, cerámicas, dibujos, collages, grabados y manuscritos.

A este núcleo original se sumó después la colección de obras de arte que Picasso reunió a lo largo de su vida. Son pinturas y dibujos de maestros como Braque, Matisse, Gauguin, Miró, Derain, Cézanne, Degas y Modigliani, entre otros; además de antiguas piezas de arte ibérico y africano. Más de un centenar de éstas se expone hasta el 30 de marzo en el Museo Picasso de Barcelona.

En 1990, cuando muere su última esposa, Jacqueline Picasso, el Estado francés recibe una nueva dación por parte de los herederos de la viuda de Picasso. Es un centenar largo de obras que completa los fondos del museo. Por último, en 1992, el Estado francés recibe una donación consistente en los archivos personales de Picasso. Ahí se encuentran centenares de documentos y fotografías, todo un fondo histórico de valor incalculable.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de febrero de 2008