Análisis:A la parrillaAnálisis
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Fausto

Sam no tuvo elección. Antes de nacer tenía ya el alma hipotecada al diablo. Su padre la vendió para salvar la vida de una enfermedad incurable pensando en que nunca procrearía. Sabiéndolo condenado de antemano y con evidente sentido de culpa, sus padres lo mimaron hasta convertirlo en un joven despreocupado y sin muchas expectativas de futuro. Llegado el fatídico momento, al cumplir 21 años, aparece un elegante y maduro Satán exigiendo sus derechos sobre él. Quiere que capture a fugitivos del infierno (por lo visto se puede escapar) y los devuelva allí usando absurdos artilugios —como una miniaspiradora, un control remoto para coches de juguete—, a través de portales que están en infiernos urbanos, como puede ser la ventanilla de una delegación de Tráfico.

Reaper, la nueva telecomedia fantástica que estrenó el miércoles La Sexta, se perfila como uno de esos entretenimientos para adolescentes que tan bien funcionan para otros Sams menos fáusticos pero igualmente aficionados a la vida muelle y los supermalos de otros mundos.

Los aficionados a series como Embrujadas (Tele 5) encontrarán en Reaper un pasable sucedáneo. Allí también aparecen demonios —por lo general espíritus de criminales resucitados— con malignos poderes destructivos, aunque los protagonistas están más cercanos a la fórmula de colegas enrollados que a la de las brujas superguapas. En Reaper hay flirteos, amores imposibles, conflictos juveniles, investigaciones detectivescas, persecuciones, peleas con malvados monstruosos y gags de un humor que intenta ser negro y se queda en un pálido gris. Nada ofensivo. La telefórmula mágica de las series comerciales para teens. De momento, no promete mucha originalidad. Ni siquiera una amenaza demasiado grave para Sam. Si captura muchos demonios evadidos, podrá ir al cielo. Es lo que le ha prometido el diablo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0024, 24 de enero de 2008.