Entrevista:CECILIO TAMARIT | Jefe de evaluación de la actividad investigadora en economía | Apuntes

"Habría que poner un examen al final de la carrera"

Cecilio Tamarit (Valencia, 1964) ha sido elegido para presidir la comisión estatal que juzga los méritos investigadores de todos los profesores del área de economía y empresariales (el nombre oficial es: presidente del Comité Asesor de Ciencias Económicas y Empresariales de la Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad Investigadora). Un examen de los méritos de los profesores universitarios que, en caso de ser favorable, conlleva un complemento salarial. Tamarit es catedrático de Economía Aplicada de la Universitat de València. Está especializado en economía internacional y últimamente investiga sobre cómo afecta la integración económica (la globalización) a la regulación medioambiental de los estados.

Pregunta. ¿El listón para ser evaluado favorablemente está muy alto?

Respuesta. Se ha dicho que resultaba difícil de conseguir. Yo creo que el problema está relacionado quizá con la falta de tradición de evaluación en ciencias sociales. Y creo que en Economía pretendemos acercarnos al máximo al comportamiento de las ciencias duras, aunque no aplicamos ni mucho menos los mismos criterios de exigencia de la evaluación científica que en física, química...

P. ¿Es más fácil evaluar en ciencias duras porque son más objetivables?

R. Yo creo que es más fácil sobre todo porque la tradición es mucho mayor. En esas áreas existen grupos de investigación mucho más organizados de investigación, y desde un principio, incluso antes de que empezase a funcionar la comisión nacional, ya conocían las reglas del juego, qué publicaciones valen de verdad...

P. ¿Todo se limita a eso, a una cuestión de tradición?

R. También influye que la gente que está en Economía o en otros tipos de ciencias sociales tienen costes de oportunidad mayores: pueden dedicarse a actividades (la asesoría, los despachos de abogados) que no son estrictamente científicas o universitarias.

P. La gran cuestión pendiente sigue siendo, sin embargo, la evaluación de la docencia. Que un profesor sea o no un buen docente no parece tener mucha importancia.

R. Evaluar la docencia es más complicado que evaluar la investigación por una razón: un investigador puede realizar muchas actividades; preparar notas, presentarlas en congresos... Pero toda esa actividad se ve reflejada a medio plazo en un producto final, que es el de las publicaciones científicas. Y los evaluadores podemos ir al final del proceso, sin necesidad de fijarnos en los componentes intermedios: si es bueno, el producto acabará apareciendo en una revista de calidad. Creo que en el caso de la docencia debería avanzarse hacia un modelo parecido, que ahora no existe.

P. Existen las encuestas que rellenan los alumnos.

R. El problema es que esos sistemas lo que intentan es medir la calidad del profesor individual a través de preguntas sobre cómo explica el profesor, sobre qué materiales utiliza, si llega puntual a clase, o si avisa en caso de que no vaya a ir. Casi todos ellos aspectos que forman parte de sus obligaciones. Y serían, digamos, algo parecido a una encuesta de satisfacción por parte del usuario. Cuando en realidad, lo importante en la docencia son los alumnos, o más concretamente los conocimientos que tengan los alumnos cuando acaben la carrera. Y sobre eso, yo creo que las reformas del modelo de evaluación que están en marcha no está haciendo hincapié.

P. ¿Qué propone?

R. A lo mejor, y lo digo a título personal, se podría plantear un examen de las enseñanzas de lo que se podría llamar materias básicas a quienes terminen las carreras. Entre otras cosas porque la responsabilidad de la universidad no es sólo con los alumnos, que también, sino sobre todo con la sociedad.

P. ¿Está planteando un examen de reválida?

R. Pienso que podría haber un examen que fuese incluso voluntario y sobre un nivel de conocimientos mínimos de ámbito nacional. Y que parte de la financiación de las universidades dependiera de los resultados que obtuvieran sus titulados. Al alumno podrían ofrecérsele, si alcanza una cierta nota, condiciones especiales de financiación o matrícula gratuita, por ejemplo, para estudiar un máster, un posgrado. De lo que se trata es de establecer incentivos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 17 de enero de 2008.

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