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Entrevista:DESAYUNO CON... ÁNGEL GABILONDO

"Al trabajo hay que llegar llorado de casa"

Ángel Gabilondo acude a la cita precedido de lo que dice en su último libro, Alguien con quien hablar. En el capítulo Quedar para comer dice el presidente de los rectores, filósofo metafísico: "Alguna informalidad y cierto temor a los silencios podrían explicar esta verdadera proliferación de citas para comer, cuya culminación sería quedar a cenar. Y, más aún, llegar a desayunar".

El presidente de los rectores defiende la conversación como acto de generosidad

Hemos quedado a desayunar, en el Palace. Lleva ya algunas horas despierto; a las siete menos veinte suena su despertador. Fruta, tostadas, café. Y una ducha que termina en ducha fría. Duerme bien, sueña. "No dormir debe ser lo peor del mundo, porque ni despiertas ni sueñas". "Sueño que todos tenemos salud". La piña le transporta a países exóticos. "La piña, qué cosa más rica. ¿Verdad que los desayunos de hotel te hacen creer que estás en el extranjero? No estaría mal, dormir en un hotel, despertar en otro mundo. Pero, de pronto, la calle ya te devuelve a tu país".

Antes de levantarse, remolonea, piensa, "eso tan peligroso de pensar". "Me acuerdo mucho de mis padres; nunca dejaron de ir adonde tenían que ir. No me dejo dominar por los estados de ánimo, tengo que hacer". ¿Y cuáles son esos estados de ánimo? "Veo montañas que hay que escalar, todo me resulta complejo; darían ganas de decir 'no juego', pero no me permito una rendición. Así que una vez que acaba la ducha helada ya no me permito sino la tarea que he de hacer".

Va al trabajo "llorado de casa", y es lo que le pide a los que están con él, "que vengan llorados de casa". ¿Y si tuviera que llorar? Un café cortado le ayuda a pensar: "Supongo que me harían llorar las vidas no vividas, las relaciones que me gustaría que fueran más auténticas... Lloro, lo digo en el libro, por lo que no acaba de llegar...". Lo que produce inquietud. "No estar a la altura de mí mismo, ésa es mi inquietud. El desafío mayor sería perdonarme... De todos modos, confío en no ser tan malo como me veo".

Es un desayuno frugal, le digo, y Kafka decía que éste es el momento más arriesgado del día. "Pues anda que dormir no se las trae. Dormirse es un poco despedirse de alguien, siempre con la esperanza de amanecer... Lo que a mí me gusta es madrugar; hay algo como de estreno por las mañanas, las calles están húmedas, hay algo que fructifica y nace... Por eso la ducha es interesante: te da la impresión de que algo va a suceder. Y después pasa todo, y uno puede decir, con Séneca: 'He vivido".

Ha escrito Alguien con quien hablar (Aguilar). "Hablar es algo que opone a dos hacia algo; hablar no es sólo pasarse noticias, por eso quedar con alguien para hablar tiene su punto erótico. Hablar de verdad es como perseguir algo que huye, escuchas lo que el otro te quiere decir como si te agarraras de él. Galopas con otro". ¿Y callar? "Es retirar algunas palabras, abrir un espacio de espera o de escucha donde todo puede suceder. Pero hay que hablar; hablar es un acto de generosidad. Hablar con alguien es quererle". Y si hubiera una palabra en medio del silencio él elegiría "gracias", que es lo que le dice al camarero cuando le trae el cortado cuyo gusto ya conoce, y es lo que nos grita desde la mitad de la Carrera de San Jerónimo cuando está a punto de abordar un coche negro para despedirse: "¡Muchas gracias! No se olviden nunca de decir gracias".

Hotel Palace. Madrid

- Dos desayunos continentales (cruasanes, frutas, café y café cortado).

- Total: 49,22 euros

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de diciembre de 2007

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