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El 'graffiti antigraffiti'

En el centro de Madrid ya no hay ni un solo graffiti. Todo son pintadas fruto de los veloces bombardeos. La actividad consiste en ver quién estampa más veces la firma en las paredes. Si éstas son de hormigón, mejor que mejor, puesto que así las pintadas no desaparecen nunca. No hay tiempo para más si se pretende no acabar pagando una multa o detenido por los policías y en una comisaría.

El único rastro de algo figurativo o artístico son ahora las persianas metálicas de los cierres de las tiendas. Muchos comerciantes se han dado cuenta de que las superficies lisas son sinónimo de que la verja de su tienda amanezca llena de nombres incomprensibles que hacen referencia a grupos o sujetos concretos.

Y la cosa no deja de tener su gracia, porque son las propias empresas las que pagan a los grafiteros para que les decoren el cierre de su comercio con una obra. Tiendas como Carhart (en Augusto Figueroa), Sfera (en la calle de Fuencarral) o Adidas (también en Fuencarral), ya lo han hecho. Pintando cierres, Okuda y Spock tienen un sobresueldo que puede llegar a 3.000 euros por pieza.

"Bueno, en realidad nosotros lo hemos hecho porque nos gusta el arte", se justifica Sthephan, el dueño de la tienda Carhart. San, uno de los graffiteros más respetados de España, les ha pintado un enorme mural en la verja. "Los otros chavales lo respetan. En cuanto ven una obra que está firmada por alguien admirado en este mundillo, no la tocan", añade.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de diciembre de 2007