Reportaje:

"¡Todos somos Jorge Bravo!"

Primera concentración convocada por una asociación de militares

Pocos, pero muy bien acompañados. Apenas un centenar largo de personas se congregó ayer ante la sede del Ministerio de Defensa convocadas por la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME). Muy pocos, si se compara con los 125.000 miembros de las Fuerzas Armadas, como hizo el Ministerio de Defensa. Muchos, si se tiene en cuenta el número de asistentes a la última manifestación de este tipo: ninguno, pues nunca hubo un acto similar en la moderna historia democrática de España.

Sobre la tribuna, no había ni un solo militar en activo, quizá porque fue precisamente subir a la tribuna de la concentración de guardias civiles celebrada el pasado 20 de enero en la Plaza Mayor de Madrid lo que costó al brigada del Ejército de Tierra Jorge Bravo, presidente de AUME, el arresto de 40 días que termina de cumplir hoy.

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Su nombre estaba en la pancarta central ("Jorge Bravo, gracias") y en las pegatinas que completaban la frase con leyendas como "por tu ejemplo", "estamos contigo" o "caminamos a tu lado". Y su palabra la trajo su hermana Amanda, que entrecortada por la emoción leyó una carta manuscrita del brigada.

Su rostro se repetía además en las caretas que llevaban muchos de los asistentes -como un remake del cartel de la película Cómo ser John Malkovich-, en parte como muestra de solidaridad - "¡Viva Jorge Bravo! ¡Bravo!"- y en parte como forma de ocultar su identidad. Y es que debajo de las caretas sí había militares en activo, especialmente suboficiales, vestidos todos de paisano. Por eso, alguno se removía nervioso ante la insistencia de los fotógrafos por apuntar al público antes que a los oradores. Y, por eso, el representante de Comisiones Obreras, José Luis Sánchez, advirtió al Ministerio de Defensa que tiene dos opciones: "Tomar nota de lo que hoy ha pasado aquí y sentarse a dialogar, o reproducir el vídeo del acto e intentar identificar a cada uno de los asistentes".

Lo que pasó ayer es que los presentes aguantaron sin romper filas la sucesión de discursos de las organizaciones amigas, acosados por el gélido viento de la sierra y a la umbría del Ministerio de Defensa. Ya lo dijo el representante de la asociación portuguesa de sargentos: "Hoy en esta calle de Madrid no hace frío sino mucho calor. El calor de la solidaridad".

La solidaridad la trajeron también los portavoces de UGT, el Sindicato Unificado de Policía (SUP), el Movimiento contra la Intolerancia, la Asociación Unificada de Guardias Civiles y, sobre todo, Euromil, la federación que agrupa a medio millón de militares de 24 países europeos. Su presidente, Emmanuel Jacob, reclamó en inglés al "Gobierno español y a los líderes militares que cesen inmediatamente todas las medidas disciplinarias y judiciales contra miembros de las asociaciones militares". Tras mostrar su indignación por el segundo arresto de Bravo este año -el primero fue por unas declaraciones que cuestionaban la versión oficial del accidente del helicóptero Cougar en Afganistán en 2005-, se preguntó si "es un delito defender los derechos de los militares". "No lo es", se contestó, "es un derecho fundamental y un derecho legal internacional".

Mariano Casado, secretario general de AUME y abogado de profesión, aludió a las reuniones que se han celebrado en varias dependencias militares para recordar que los miembros de las Fuerzas Armadas tienen limitado su derecho de manifestación. "A quienes nos dicen que cumplamos la ley, hay que decirles que lamentablemente la ley no se está cumpliendo", subrayó.

La ley que no se cumple es la Orgánica de Defensa Nacional de diciembre de 2005, una de cuyas disposiciones mandataba al Gobierno para remitir a las Cortes un proyecto de ley de derechos y deberes de los militares en un plazo de tres meses.

Acabados los discursos y apagados los aplausos, los reunidos se disolvieron sin que los numerosos policías que les rodeaban -los únicos que lucían uniforme- llegaran a intervenir. Una viandante preguntó curiosa: "Y éstos ¿quiénes son?". "Son militares, que piden libertad", le contestó alguien. Miró incrédula y se encogió de hombros.

Carta desde el centro disciplinario

Hasta que hoy salga de la base del Ejército de Tierra en Colmenar Viejo (Madrid), el presidente de la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME), Jorge Bravo, es el único español privado de libertad por unas declaraciones públicas.

Pero no por eso deja de hablar. Ayer publicó EL PAÍS una entrevista, realizada durante su arresto, en la que aseguraba que la asociación que preside cuenta ya con más de 2.000 miembros y que las dos sanciones que ha sufrido le han hecho crecer.

Ayer, en la carta manuscrita que leyó su hermana, Bravo aseguró que los "deseos de movilización y participación de los militares son crecientes" y que se ha abierto "un nuevo camino". Concluyó agradeciendo su solidaridad a todos los asistentes al acto y asegurando que éste "ha dado sentido a los 40 días de lucha", en alusión a su arresto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 24 de noviembre de 2007.

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