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COLUMNA

Compañeros

"Perdió la vida por no ser indiferente". Este año, el 25 de noviembre, una pancarta con el nombre de Daniel Oliver se unirá a los casi 70 nombres de las otras asesinadas por la violencia de género. Porque el machismo también mata hombres, por si no nos habíamos dado cuenta. Por si alguien todavía pensaba que la causa de las chicas nada más se puede pelear a base de ovarios, que a los compañeros ya les vale con "tolerar" y no molestar demasiado.

Daniel terció en lo que para otros sólo era "una pelea de enamorados" porque estaba viendo que una persona fuerte agredía a una débil. Quienes le conocían no se extrañaron de aquella respuesta que le costó la vida, tan diferente de la de otro joven que durante aquellos días fue también protagonista involuntario de una especie de película de terror rodada en el Metro de Barcelona: una figura inerte cruzada de piernas y brazos que miraba para otro lado mientras un energúmeno machacaba a la chica inmigrante. Aquella impasibilidad provocó desaprobatorias, viscerales reacciones. Luego, si reflexionábamos más despacio sobre la condición humana, surgían las dudas razonables: qué habría hecho yo en ese caso, jugármela, no jugármela... quién es ese chico y cuáles son sus circunstancias. Cómo habría actuado de haber sido mujer... ¿habría sido su actitud más valiente?

Vengo de un encuentro internacional de periodistas con visión de género. Entre más de cien asistentes, por primera vez han participado media docena de compañeros, todos ellos con las ideas bien claras sobre el papel de los medios respecto a las mujeres y de las mujeres en los medios.

¿Quién ha dicho que sólo nosotras podemos ser feministas y sólo ellos machistas? ¿De dónde nos habíamos sacado que únicamente a las discriminadas nos interesa un mundo más justo donde prevalezca la igualdad? Lo que pasa es que ellos muchas veces no lo demuestran, no se les ocurre, y por eso hay que animarles a sumar esfuerzos, a no ver los toros desde la barrera.

Gemma Lienas lamenta en un artículo reciente haber conferenciado sobre los malos tratos ante un público compuesto por unas 300 mujeres y 15 hombres, y concluye que no parece que los señores se interesen demasiado por el tema. Y yo me pregunto si un método para estimular la empatía y su demostración no será el de reconocer sin empacho los múltiples méritos que algunos acumulan.

Aunque no es la primera vez que las organizaciones feministas premian la labor de varones solidarios, el Instituto de la Mujer reconocerá mañana el coraje de Daniel Oliver, que ya había sido premiado por Dones Progresistes. Quizá no consuele a su familia y amigos, pero es justo que su nombre y su memoria ocupen el domingo, en la marcha por las calles de Valencia, un lugar de honor entre tanta apuñalada, abrasada, despeñada... entre tanta víctima indefensa. Como justo y necesario sería que miles de congéneres le acompañasen.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de noviembre de 2007