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Un millón de refugiados huyen de la violencia en Somalia

La ONU advierte de que es la peor catástrofe en África

La situación más desesperada de África ya no es Darfur, al oeste de Sudán, que se desangra desde hace cuatro años. Naciones Unidas advierte de que el mayor infierno es ahora Somalia, cuya situación, caótica desde hace 16 años, se ha agravado aún más en las últimas semanas: suma ya un millón de refugiados que huyen de la violencia. Y la mayoría ni siquiera recibe ayuda porque la inseguridad dificulta la llegada de una ONG.

"Estamos extremadamente preocupados por la catástrofe humanitaria en Somalia; tenemos grandes dificultades para acceder a centenares de miles de personas", explica un portavoz de Intermón Oxfam. Unas 40 ONG internacionales que trabajan en la zona han hecho un llamamiento conjunto alertando de la crisis extrema. Y subrayan que les es imposible moverse en medio del caos. La diferencia con otras grandes crisis es la seguridad: en amplísimas zonas de Somalia ni siquiera llega la ayuda porque nadie se atreve a entrar. Por tanto, nadie sabe lo que sucede.

Somalia es una ficción desde 1991. Técnicamente, sigue siendo un Estado, pero en la práctica es un territorio ingobernable del que huyó precipitadamente EE UU -que lanzó una fracasada operación de pacificación en 1993- y donde los señores de la guerra controlan pequeñas porciones de territorio sin más ley que la suya. Occidente teme el caos no sólo por la desdicha de los nueve millones de habitantes, sino básicamente porque supone un terreno idóneo para que anide el islamismo radical.

El único periodo de algo parecido a la calma y el orden en estos 16 años fue el régimen islamista de la Unión de Tribunales Islámicos, que en 2006 logró el control sobre la mayor parte del país. Pero a finales de ese mismo año el Ejército etíope, aliado de Occidente, invadió el país para poner fin a un régimen considerado demasiado radical, del que se temía que cobijara terroristas de toda la región.

El nuevo Gobierno se instaló en la capital, Mogadiscio, pero depende por completo de los soldados etíopes. Y todos los expertos coinciden en que la invasión refuerza a los islamistas.

En las últimas semanas se combate con gran virulencia en las calles de Mogadiscio, lo que ha provocado el éxodo masivo de 600.000 personas, el 60% de la población de la capital. Muchos han huido a zonas que ya albergaban decenas de miles de desplazados, como Afgooye y Galkayo, lo que ha contribuido a empeorar aún más la situación.

La ayuda a menudo no llega porque los camiones con comida son secuestrados. Las balas perdidas han matado a varios cooperantes y para todo se necesitan salvoconductos. Muchos desplazados tienen incluso que pagar a los señores de la guerra a cambio de protección, pese a su situación de indigencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de noviembre de 2007