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Reportaje:

Kosovo, un polvorín a punto de estallar

La crisis económica y la proliferación de armas amenazan el proceso político

El futuro de Kosovo queda hoy visto para sentencia con las elecciones en las que se elige el Gobierno que declarará la independencia de Serbia, tal vez en el acto final de la sangrienta voladura de lo que fue Yugoslavia. El siguiente paso es decidir la fecha en la que se producirá la partición. Cualquier error por celeridad o tardanza excesiva puede arruinar el proceso, generar violencia e incluso provocar una nueva guerra. Sería el peor escenario para el que se están preparando los 16.000 soldados de la OTAN en Kosovo (KFOR).

El 10 de diciembre concluyen las negociaciones entre Belgrado y Pristina auspiciadas por la troika -Unión Europea, Estados Unidos y Rusia. La posibilidad que de ese diálogo de sordos que se desarrolla en Viena surja un compromiso al gusto de todos, que permita una independencia bendecida por el Consejo de Seguridad, está descartada. "Sin ese acuerdo quedan tres opciones y dos de ellas son malas", afirma una fuente europea que exige el anonimato: "Proclamación unilateral con el consenso de EE UU y de los países de mayor peso de UE, que reconocerían al nuevo Estado; proclamación sin una coordinación internacional o prolongar el statu quo. La tercera es la más peligrosa", advierte.

La soberanía traerá serios problemas incluso si la apoyan EE UU y la UE

"Cuando pones una lavadora se va la luz; cuando vuelve, falta agua", dice Kamberi

En el último mes han aparecido grupos paramilitares serbios y kosovares

La situación económica es la gran amenaza, por delante de los radicales de ambos lados. Con un desempleo que alcanza el 75% entre los jóvenes de 15 a 24 años y el 40% entre los varones de 24 a 55 es el caldo de cultivo de un estallido social. Sin industrias, Kosovo gasta más de lo que produce. Es una economía subvencionada por la diáspora en la que lo único que crece son casas, y las gasolineras, útiles para lavar dinero negro.

"La vida diaria es muy complicada. Se pierde mucha energía en las cosas pequeñas", dice Nerimane Kamberi, profesora en la Universidad. "Cuando tratas de poner una lavadora no hay luz. Cuando vuelve la electricidad, el agua está cortada. Es desesperante".

"Kosovo es un polvorín en espera de una chispa. De momento nadie parece interesado en encender la mecha, pero las cosas pueden cambiar muy rápido", asegura Albin Kurti, líder de Vetëvendosje! -que significa ¡Autodeterminación!-, un movimiento juvenil que la Misión de Naciones Unidas en Kosovo (Unmik) considera peligroso y que empieza a ganar adeptos. "El invierno y la primavera van a ser duros", asegura desde su casa donde se encuentra en arresto domiciliario.

Esta semana han aparecido en los medios de comunicación unos enmascarados en uniforme de camuflaje empuñando unos fusiles Kaláshnikov que dicen pertenecer al Ejército Nacional Albanés (AKASH), se declaran dispuestos a defender el territorio nacional, una referencia a Mitrovica Norte. Para Unmik se trata de una organización terrorista. En la región de Drenica, donde AKASH ha hecho su presentación mediática, la policía kosovar se incautó este año de un arsenal escondido en una casa en el que había cañones capaces de derribar helicópteros.

Hace un mes, otro grupo paramilitar, esta vez serbio, la Guardia del Rey Lazar, anunció ataques contra KFOR -España cuenta con 620 soldados- si se declara la independencia. "Los dos son grupos insignificantes que no representan un peligro real", sostiene un diplomático de la UE.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) pone número al polvorín en espera de una mecha: en Kosovo hay 267.000 armas ligeras fuera de control. Una por familia. En la contabilidad no se incluyen los explosivos.

Mitrovica está dividida por el río Íbar en dos, un norte serbio unido a las tres municipalidades que tienen una continuidad territorial con la madre Serbia -unos 60.000 habitantes- y un sur albanés. En 2004 fue el origen de violentos enfrentamientos tras la muerte de tres albaneses y puede ser la mecha que todos temen. Belgrado esgrime la partición en respuesta a la independencia. "Demuestran que no les importa su gente. Así dejarán desprotegidos a los 120.000 serbios que viven en los enclaves en el centro y sur de Kosovo", explica la fuente europea.

"La partición existe de facto desde 1999 [en el norte, la moneda es el dinar frente al euro del resto de Kosovo y los sueldos y las pensiones proceden de Belgrado]. En caso de independencia pasaría a ser de iure", advierte Oliver Jovanovic, líder de los serbios moderados en Mitrovica Norte. "Si Kosovo tiene derecho a separarse sin el apoyo del Consejo de Seguridad en una violación de la resolución 1.244 que reconoce la unidad territorial, esta parte tiene el mismo derecho a decidir que sigue siendo Serbia. ¿Qué harán? ¿Disparar sobre nosotros?", añade.

"No hay duda de que una declaración unilateral de independencia, aunque esté apoyada por Estados Unidos y los países principales de la UE, como Alemania, Francia y Reino Unido, va a traer problemas. En los próximos meses nos lo jugamos todo", asegura el diplomático. "La policía de Unmik y KFOR se desplegarán en Mitrovica y en las tres municipalidades serbias para evitar la partición. Eso está decidido, pero estamos en manos de lo que decida Belgrado. El peor escenario es un estallido de violencia interétnica y un éxodo masivo de los miles de serbios que viven en los enclaves. Las imágenes de KFOR escoltando a esos civiles sería un golpe duro. Parecería que Occidente lleva a cabo su limpieza étnica".

Según la nueva Constitución serbia, el Gobierno debe convocar elecciones presidenciales antes de final de año para que tengan lugar entre enero y marzo, los meses en los que Kosovo va a declararse independiente. Si se cruzan las fechas y las fatalidades, la consecuencia sería la elección de un presidente ultranacionalista, como el líder del Partido Radical Tomislav Nikolic. El polvorín en espera de una chispa se extendería a la Republica Srpska, la entidad serbia de Bosnia-Herzegovina, que también amaga con una autodeterminación.

Siempre se ha dicho que la crisis de los Balcanes empezó en Kosovo con la supresión de la autonomía en 1989 y que terminaría en Kosovo. Tras cuatro guerras, decenas de miles de muertos, graves errores de la comunidad internacional y mucho sufrimiento, nadie está seguro de que así sea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de noviembre de 2007