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COLUMNA

La Europa marítima

Europa cuenta con 100.000 kilómetros de costa y 1.200 puertos de comercio que sirven de punto de transferencia para el 90% del comercio internacional de la UE, dando empleo a más de medio millón de personas y asegurando el dinamismo de muchas regiones marítimas. Para hacer frente al futuro, a favor de la cohesión y de la sostenibilidad, las autoridades europeas han abierto un debate y elaborado un documento sobre la política marítima integrada.

Las bases de dicha política descansan en que las políticas relacionadas con el mar deben formularse de manera conjunta para poder obtener los resultados perseguidos. O sea, planteamientos intersectoriales e integrados; epígrafes que requieren cooperación consolidada y una coordinación eficaz.

Una política integrada da más capacidad a Europa para enfrentarse al desafío de la globalización

Desde una política marítima integrada se puede aumentar la capacidad de Europa para enfrentarse a los desafíos de la globalización y de la competitividad; al cambio climático; a la degradación del medio marino; a la seguridad marítima; y a la sostenibilidad energética. En este sentido, los miembros de la UE subrayan dos elementos claves. En primer término, una política marítima integrada ha de poder cambiar el modo de hacer política y de tomar decisiones (esto es, evitar los compartimentos estancos en el funcionamiento y en la adopción de resoluciones; tener en cuenta las interacciones y crear instrumentos comunes, aprovechando las sinergias y evitando los conflictos); y, en segundo lugar, preparar y ejecutar programas de trabajo coherentes (que contemplen espacios europeos de transporte marítimo sin fronteras, ordenación del espacio marítimo, políticas marítimas nacionales integradas, o redes europeas de vigilancia marítima, por citar algunos ejemplos).

Los europeos (y los gallegos más que ninguna otra región europea) somos conscientes de que el bienestar de la UE está ligado al mar. Las oportunidades que se abren abarcan desde la construcción naval, transporte marítimo, puertos, pesca, acuicultura, actividades de producción de energía en el mar (petróleo, gas, energías renovables), al turismo, a las nuevas tecnologías submarinas y a la biotecnología azul. Pero también somos conscientes de la vulnerabilidad creciente de los litorales y del papel cada vez más importante que representan los océanos en el sistema climático.

¿Qué se exige a los europeos y a las regiones marítimas? Un nuevo modo de gestión. Es decir, que la definición de la política marítima coordine las políticas sectoriales; guíe los instrumentos transversales de políticas comunes; existan consultas a la sociedad y a las partes interesadas, y que se requieran evaluaciones de impactos.

En algunos países ya se han empezado a crear mecanismos de coordinación en la formulación de políticas marítimas, pero en otros todavía no se han llegado ni a pensar, lo que genera distorsiones, disfunciones legales y mucha presencia de free-riders, esto es, agentes actuando fuera de las normas.

Galicia ha de apostar de manera firme por esta iniciativa europea. Debido a la relevancia que poseemos en el sector marítimo, esta estrategia es clave para el futuro. Además, trabajar por la gobernabilidad europea nos va a permitir ejercitar el liderazgo en los asuntos marítimos continentales. Y alentando la intervención en las mencionadas actividades se coadyuvará a dotar a Europa de una mayor visibilidad marítima. Las ventajas a corto plazo son indudables.

Debemos reclamar, en respuesta al Libro Verde sobre política marítima europea, una mayor subsidiaridad, de forma que las decisiones y las medidas se adopten lo más cerca posible de las personas y de los sectores afectados. Y a continuación debemos enfatizar que el papel de la UE ha de ser el de facilitar más que el de integrar propiamente. De esta forma, evitamos el actual rompecabezas marítimo, fomentamos el compromiso y encauzamos el refuerzo de normas establecidas.

Como integrantes del club de las principales regiones marítimas europeas debemos ser punto de referencia para las demás y dar ejemplo con políticas integradas, participativas y consistentes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de noviembre de 2007