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Editorial:

Un poco peor

La explosión de precios en octubre complica la evolución de la economía española en 2008

La explosión del IPC en octubre hasta el 3,6%, nueve décimas más que en septiembre, viene a demostrar que la situación de la economía se le puede complicar estrepitosamente al Gobierno. Con el precio del barril por encima de los 90 dólares, el dólar que se deprecia tenazmente frente al euro y una desaceleración económica que se traducirá a su vez en un ritmo menor de creación de empleo, la sensación es que el empeoramiento de la economía está adquiriendo perfiles mucho más acusados. El Banco de España ha informado de que el crecimiento durante el tercer trimestre fue del 3,7%.

La proyección más probable es que la economía española acabe el año con un crecimiento en torno al 3,7% y con una inflación en las cercanías del 3,5%. Los problemas principales de los precios se llaman petróleo y alimentos. En el caso del crudo, se paga ahora el brutal aumento del precio actual comparado estadísticamente con el último trimestre de 2006, durante el cual cayeron los precios. La cotización del barril no va a caer significativamente en los próximos meses. En el caso de los alimentos, el análisis también es pesimista. Los precios de los elaborados suelen convertirse en inflación estructural; los de los alimentos no elaborados -cereales, productos frescos- están sujetos a una fuerte especulación debido a la demanda creciente de los grandes mercados emergentes, como India o China.

Esta inercia de suave desaceleración con inflación en alza puede agravarse en 2008. Por primera vez en el último lustro, los salarios, indiciados a la inflación anual, crecerán por encima de la inflación media. Este desajuste tendrá consecuencias para los beneficios empresariales. Otra incertidumbre añadida es la economía estadounidense. El crecimiento del 3,9% durante el tercer trimestre puede ser un espejismo. La Reserva Federal advirtió el miércoles, justo cuando bajaba los tipos hasta el 4,5%, que "el ritmo de expansión se desacelerará en el corto plazo por la intensificación de la corrección inmobiliaria".

Sería el momento adecuado para que el Gobierno tomara decisiones de política económica encaminadas a controlar la inflación. La proximidad de las elecciones generales, sin embargo, hace bastante probable que se prefiera la táctica de esperar hasta ver qué pasa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de noviembre de 2007