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Reportaje:

Reinventarse a los 30 años

El Museo do Pobo Galego plantea "un paso adelante" al celebrar su aniversario

"Partíamos de cero", recuerda Carlos García Martínez, relevo de Antón Fraguas en la dirección del Museo do Pobo Galego. Hoy hace 30 años, el museo abría sus puertas en el edificio del antiguo convento de San Domingos de Bonaval, cedido por el Ayuntamiento de Santiago, con sus tres primeras salas de oficios dedicadas a cestería, tejido y cerámica. Era la resurrección del Museo Etnográfico fundado por el Seminario de Estudos Galegos en 1932.

"La acogida de la gente de los oficios fue estupenda", dice García. "De algún modo, después de 40 años, se veían por fin honrados". Los trabajos de consenso en torno al lugar que pudiese recoger, conservar y mostrar los rasgos tangibles de la cultura popular en riesgo de desaparición ("onde a nosa cultura colectiva se faga presente como conxunto ordenado", en palabras de Ramón Piñeiro) comenzaron antes de discutir el nombre, nucleados alrededor del Colexio de Arquitectos de Galicia.

Rafael Baltar, Gallego Jorreto, Carlos García y Xusto Beramendi coordinaron desde el Colexio la convocatoria para formar el Patronato del Museo, presidido por el orensano Xaquín Lorenzo, Xocas, enlace natural con el trabajo historiográfico de la Xeración Nós (la muerte de Otero Pedrayo impidió su investidura como presidente). Hoy, universidades, Xunta (con una aportación de 400.000 euros en 2007), ayuntamiento, diputaciones y cajas tienen presencia en el Patronato.

El sistema de socios, más de 1.100, del museo se mantiene desde la fundación. Con representación electiva en el Patronato y en la junta rectorao, sus cuotas (entre seis y 60 euros anuales) y donaciones aún constituyen una "garantía esencial" de independencia, aunque el debate sigue abierto. Díaz Pardo, que preside el Patronato, opina que debería hacerse cargo una institución pública ante la falta de relevo generacional. Cualquiera que sea la fórmula resultante, García juzga necesario "respetar" que el museo es "fruto de la iniciativa de la sociedad civil". El 88% de las más de 10.000 piezas del museo son donaciones y depósitos. En porcentaje parecido, los libros tampoco se compran. Entre las bibliotecas donadas total o parcialmente, que ya suman 100.000 volúmenes abiertos a consulta, están las de Fraguas, Xocas, Taboada Chivite, Manuel Beiras, Bouza Brey o la de Rafael Baltar, todavía por inventariar, que incluye una serigrafía de Kandinsky autentificada por su hija.

De la pluralidad ideológica del principal centro de documentación sobre antropología de Galicia habla también Beramendi, actual presidente de la junta rectora. "En una actitud general galleguista, desde un principio se intentó que tuviesen cabida todas las sensibilidades", resume el catedrático. Nombres como los de Xosé Manuel Beiras, Gerardo Fernández Albor, Luciano García Alén, Marcial Gondar, César Portela, Fernando Acuña Castroviejo o Xosé Manuel González Reboredo, entre otros miembros numerarios del Patronato, son una muestra. En su génesis preautonómica, el museo hubo de soportar expresiones como "refugio de la derecha (galleguista)" o "casa de los pexegos" (en referencia a los miembros del Partido Socialista Galego). "Puede que la actividad del museo no sea la más conocida", dice Beramendi, "pero sí respetada por tirios y troyanos".

"Aquí hubo recitales de Agustín García Calvo [en 1980, con Novoneyra], y tuvimos problemas para sacar a los anarquistas", bromea el director. El museo combina exposiciones, actividad científica (en 1996 se puso en marcha el proyecto transversal en diez volúmenes O feito diferencial galego) y publicaciones propias con actividades de otras entidades a las que cede su espacio. Mejorar su visibilidad se plantea como una de las tareas prioritarias en este 30º aniversario. "Es hora de ahondar en los problemas de la sociedad gallega", afirma García Martínez, "dar un paso adelante".

La creación en 2006 del Instituto de Estudo das Identidades, y sus foros Territorio, paisaxe e identidade, además de Inmigración, cidadanía e identidade, a partir de noviembre, avanza en esa línea. Un trabajo paralelo es Sons e voces da identidade. Más de 600 grabaciones de romances antiguos y narraciones populares están siendo digitalizadas con la ayuda de Mini y Mero, dos de los fundadores del grupo Fuxan Os Ventos. "Se trata de recuperar para no perder, fijar, estudiar y poner a disposición de la sociedad", dice el director. "Es el trabajo de siempre en el museo, sólo cambian los formatos".

En la noche de ayer se representó por primera vez en el antiguo convento de Bonaval el Romance de Xoán Tuorum, en la adaptación de Roberto Salgueiro. Los actos de celebración del trigésimo aniversario del centro continúan hoy con una jornada de puertas abiertas que servirá para presentar las nuevas salas de prensa e imprenta y de oficios urbanos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de octubre de 2007