El juicio de Calatrava concluye con un debate sobre el derecho de autor

La defensa del arquitecto sostiene que se dañó conscientemente su puente

¿Se alteró una obra de arte o en la arquitectura debe primar el interés de los ciudadanos sobre los derechos del artista? Tal es la cuestión principal que deberá dirimir en las próximas semanas el juez Edmundo Rodríguez Achutegui, titular del Juzgado de lo Mercantil número 1 de Bilbao, tras quedar ayer vista para sentencia la demanda interpuesta por el arquitecto Santiago Calatrava contra el Ayuntamiento de la capital vizcaína y dos constructoras.

La tarea no resulta sencilla, ya que es el primer pleito que se ventila en España sobre la vulneración de la integridad de una obra de ingeniería y que también por vez primera enfrenta en Europa a dos arquitectos de prestigio, Calatrava y el japonés Arata Isozaki. Las consecuencias tampoco son nimias: el valenciano pide que se derribe la pasarela de Uribitarte abierta en febrero y que conecta con su puente sobre la Ría -en servicio desde hace diez años-, y una indemnización de al menos 250.000 euros, que se elevaría hasta los tres millones si se mantiene como está en la actualidad el paso elevado diseñado por el autor japonés.

La abogada de Calatrava, Antonia Magdaleno, defendió ayer en sus conclusiones finales la afección directa al puente que causa la pasarela, que permite la conexión directa con el Ensanche bilbaíno. "Rompe por completo el estilo y es un apéndice al puente", apuntó. Atribuyó la responsabilidad de lo ocurrido al Ayuntamiento, "perfecto conocedor de que la pasarela dañaba y aún así, lo permitió".

En su media hora de exposición, arguyó que el ciudadano no distingue entre ambas obras -"lo ve como una unidad"- y que la afección se evidencia en la rotura de una barandilla para empalmar con la pasarela, que altera la simetría. "Lo fundamental es que donde había dos accesos ahora hay tres".

Gonzalo Ruiz, letrado del consistorio, no vio ninguna afección, pues se trata de dos "construcciones independientes y diferenciadas". Incidió en que los materiales y estilos del puente y la pasarela son diferentes, pero fue más allá: "No hay modificación y, aunque la hubiera y fuera caprichosa, no hay una lesión y perjuicio a Calatrava", que, recalcó, es uno de los requisitos para que se vulnere la propiedad intelectual. Ruiz se esmeró ante el juez para que diferenciara una obra como un cuadro de una estructura arquitectónica, "sometida" a su utilidad e interés público.

El servicio público

"El puente es de todos los bilbaínos, no de Calatrava", enfatizó Jon Lavín, letrado de la constructora Vizcaína de Edificaciones, "por lo que el interés prioritario es dar un servicio público". Para este letrado, el derecho de autor de Calatrava está supeditado al de los propietarios del puente, que son todos los bilbaínos. José Luis Muñoz, representante de la otra empresa demandada, Lariam, estimó que la demanda se basa "en la grandeza de Calatrava para decir que su obra se tiene que respetar".

La ausencia del principal protagonista y las motivaciones de la denuncia no quedaron en el tintero. La abogada del arquitecto reprochó a las defensas, que podían legalmente hacerlo, que no hayan pedido que declare en la vista. Aquéllas replicaron que el autor valenciano pudo haber asistido al reconocimiento judicial del pasado lunes en el mismo lugar si hubiese querido.

"Los demandados han intentando dañar la imagen de Calatrava", apostilló su letrada. "Actuó por despecho", replicó Lavín. "Lo que realmente ha sentido lesionado no es su obra, sino su ego, pues creería que esa pasarela la iba a hacer él", abundó.

La incógnita se disipará antes de fin de año. Las sentencias de los juzgados de lo Mercantil suelen dictarse antes de un mes, pero la complejidad y la falta de jurisprudencia en este caso hacen prever un plazo más largo.

Las 560 losetas de la pasarela se han tenido que cambiar

La relación del Ayuntamiento de Bilbao con el arquitecto Santiago Calatrava se ha ido quebrando según iban aumentando las caídas de ciudadanos en su resbaladizo puente. Alabado por su belleza y singularidad cuando se inauguró, la realidad ha tornado la visión de los ciudadanos. Al principio, el consistorio trató incluso de cambiar la superficie de vidrio, pero se encontró con la negativa rotunda del valenciano por las alteraciones estéticas que ello supondría. Lo que no cambiaba era la queja de los vecinos y los problemas con las losetas, muchas de ellas agrietadas sin tener que esperar a los vándalos, que también actuaron.

En estos diez años de vida útil, el consistorio ha tenido que sustituir las 560 losetas que forman el tablero del puente, muchas de ellas varias veces, lo que ha supuesto un gasto total que no se ha cuantificado. Como cada placa ronda los 400 euros, la cifra global superaría ampliamente los 200.000 euros.

Arquitectos vascos han apuntado que las piezas estallan fundamentalmente por dos razones: las presiones de las pletinas perimetrales producidas por la vibración de la estructura de la pasarela y los bruscos cambios de temperatura en pocas horas en ciertas épocas del año.

Ante la negativa de Calatrava, el consistorio tuvo que recurrir a aplicar una capa de resina sobre las losetas, fórmula que no ha dado los resultados apetecidos. Hace un año parecía haberse alcanzado la solución: se colocaron cintas de un material altamente antideslizante a lo largo de la psarela, las escaleras y las rampas de acceso. Las cintas están separadas 25 centímetros y su aspecto no interfiere con la estética de la pasarela, pero persisten los problemas. "El puente que resbala y el que no resbala". La frase empieza a ser popular desde la apertura de la pasarela de Isozaki.

Los argumentos de las partes

- La defensa de Calatrava: La abogada del arquitecto valenciano, Antonia Magdaleno, considera que ha quedado probado el fundamento de su demanda: la pasarela de Isozaki ha vulnerado el derecho a la integridad del puente del arquitecto valenciano porque afecta a una concepción artística. "El Ayuntamiento permitió el daño a la pasarela".

- El Ayuntamiento de Bilbao: Su letrado, Gonzalo Ruiz, concluye que no ha existido ninguna modificación del puente, sino que ambas obras son construcciones independientes y diferenciadas. Defiende la utilidad pública de una obra en la que el interés particular de Calatrava no debe supeditarse "al de todos los bilbaínos". Cree que no se vulnera la Ley de Propiedad Intelectual al no existir perjuicios.

- Las constructoras: Los abogados Jon Lavín y José Luis Muñoz de la Peña coinciden en la falta de "carga de la prueba". En su opinión, no existe un "desmerecimiento" del puente de Calatrava y consideran "no acreditado" la existencia de "lesión o menoscabo" a la reputación del arquitecto valenciano. Agregan que, de cualquier modo, el caso ha prescrito al recordar que han pasado ya los cinco años que marca la ley para un resarcimiento económico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 26 de octubre de 2007.

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