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CARTAS AL DIRECTOR

Sobre UPD

Ignacio Sánchez Cuenca nos dedicaba el pasado día una larga pieza (UPD, partido nuevo, viejos tópicos) para denunciar el carácter nacionalista, derechista y en fin, francamente apolillado, que atribuye a Unión Progreso y Democracia. Naturalmente, todos tenemos derecho a considerar frescas y cantarinas ideas que otros encuentran francamente rancias, y viceversa. A lo que ya no hay tanto derecho es a tergiversar el ideario de un partido recién nacido que ya ha publicado un documento con sus compromisos políticos. Me refiero al manifiesto colgado en nuestra página web, que cualquier lector de EL PAÍS puede leer para constatar que Ignacio Sánchez Cuenca se ha limitado a atribuirnos alegremente lo que a él le gustaría que dijera nuestro partido, no lo que realmente dice. Es radicalmente falso que afirmemos que sólo los Estados centralistas son democráticos o que no consideremos a Estados Unidos un Estado de derecho. Igual de falso es que no hablemos de igualdad de derechos de los ciudadanos, incluyendo la necesidad de políticas sociales positivas que sustancien esa igualdad mediante el Estado de bienestar. No insistiré más, porque cualquiera que sepa leer de buena fe comprobará inmediatamente estos extremos si se toma la molestia de consultar lo que nosotros decimos, en vez de lo que el articulista quiere hacernos decir.

Teniendo en cuenta esa peculiar manera de interpretar los hechos y retorcer la realidad, ya es más comprensible el rotundo fracaso del profesor Sánchez-Cuenca en su pronóstico de la derrota y fin inmediato de ETA, y del seguro éxito del patético "proceso de paz" que ha apoyado sin reservas, incluyendo la constitución de mesas de partidos antidemocráticas. Me temo que su ataque contra nosotros -tan parecido a otros provenientes de la derecha más castiza- proceda más del resentimiento y el rencor contra quienes sí hemos acertado al describir y pronosticar el fracaso de ese ilegítimo y contraproducente diálogo con terroristas, que de ideas políticas que son perfectamente criticables a condición, claro está, de que no sean destrozadas aviesamente por un torpe caricaturista.- Carlos Martínez Gorriarán. Consejo de Dirección de Unión Progreso y Democracia (UPyD).

Hacía mucho, muchísimo, tiempo que no leía un artículo tan claro y riguroso como el de Ignacio Sánchez-Cuenca. Refleja con argumentos salidos de la madurez democrática una postura que, de manera menos elaborada, he sostenido allí donde he tenido ocasión de opinar.

Soy asiduo lector de Fernando Savater en su faceta de filósofo, aunque he lamentado, y lamento, la deriva que ha tomado en su visión del llamado "problema vasco" y, más aún, lamento que cree un partido "anti" sin más contenido que enfrentarse a cualquier intento de abrir vías que nos libren del fenómeno terrorista que viene asolando el país desde hace tantos años. Entiendo que el esfuerzo de los intelectuales de la categoría del señor Savater deben ir encaminados a abrir vías y no a cerrarlas.

Y menos aún entiendo que como aliada se haga acompañar de la señora Rosa Díez, a la que conozco desde antes de que fuese consejera de Turismo del Gobierno del señor Ardanza en aquel Gobierno vasco fruto de la coalición PNV-PSE, época en la que por cierto las dos comunidades que "conviven" en Euskadi vivieron una época de armonía.

Y me permito opinar porque he vivido 26 años en el País Vasco, del que tuve que marchar por ser insoportable la vida que allí me tocó vivir no hace muchos años, ya que además de ser un cargo electo durante 12 años militando en el PSE, también estuve en la lista de objetivos de ETA y tuve que vivir unos años acompañado de los escoltas correspondientes. Y desde el derecho que me da el haber vivido todo lo anterior es por por lo que me permito pedir que intentemos solucionar con todas nuestras fuerzas los hechos que motivan la miseria humana que me ha tocado padecer, y también por ello siento un profundo dolor cuando se crea un partido "anti...". Los ciudadanos que siguen en el País Vasco sufriendo el día a día merecen esfuerzos en la única dirección que debemos seguir: la de intentar con todos los medios democráticos posibles solucionar la lacra terrorista. No sumemos esfuerzos a la locura visionaria del señor Ibarretxe. Utilicemos la razón y no la víscera.

Por todo ello quiero hacer llegar mi felicitación al señor Sánchez-Cuenca y darles las gracias porque me ha hecho sentir que todavía quedan intelectuales lúcidos en este país.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 25 de octubre de 2007