Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La cuadrilla de lujo de Amancio Ortega

El dueño de Zara encarga siempre a un grupo de empleados gallegos de confianza la reforma y la rehabilitación de las tiendas y edificios que compra por todo el mundo

Los que mejor le conocen aseguran que el hombre más rico de España es fiel a su gente y desconfiado ante lo desconocido. Al dueño del imperio Zara, que fabrica en España y en China la ropa que viste en serie a todas las mujeres del planeta es, en realidad, un amante del trabajo artesano y bien hecho. Y si para sus negocios de confección produce a mansalva y encarga la tarea a manos de cualquier color, para sus pinitos inmobiliarios se vuelve exquisito y exigente, y siempre contrata a profesionales gallegos.

Da igual que la nueva tienda que va a abrir o el nuevo edificio que acaba de comprar estén en Dubai o en Shanghai. Amancio Ortega confía la remodelación, rehabilitación o construcción a pequeños talleres de la comunidad, casi siempre de la provincia de A Coruña, con los que lleva trabajando desde los primeros 80. En un día moviliza todo un equipo y lo traslada en avión al lugar que haga falta. Paga el hotel y la manutención a todos los integrantes y remunera generosamente sus servicios. Algunos reconocen que hasta a 60 euros la hora, aunque otros se apresuran a desmentir: "Que no, que no... Que nos paga algo menos".

El material y los aperos también suelen transportarse desde Galicia, e incluso, en ocasiones, viaja hasta la obra la maquinaria pesada. Si se trata de un trabajo planificado, este material es trasladado en camión unos días antes para que esté en su destino cuando lleguen los profesionales, pero si las piezas son delicadas o si urge la inauguración del inmueble, todo va por el aire. Mientras tanto, algunos de estos talleres se ven obligados a permanecer cerrados. Por atender a don Amancio, pierden clientela pero les compensa.

El origen de esta íntima relación con los que eran modestos talleres de Ferrol, Mesía, A Estrada, A Coruña o Santiago se encuentra tres décadas atrás, cuando Ortega encargaba la instalación de sus tiendas al tándem constructor Corral y Queijeiro. Corral, aparejador, y Queijeiro, contratista, encomendaban a empresas especializadas cada parte de la obra. Las mismas firmas, con algunas altas y algunas bajas, que hoy continúan trabajando para Inditex.

Con el tiempo, Amancio Ortega integró a Manuel Queijeiro en su equipo y creó Goa Invest, la empresa contratista del grupo. Al frente de las cuentas puso a Pepita Ortega, su hermana, que ya trabajaba a su lado cuando él no era más que encargado en la mercería La Maja de A Coruña.

Seguimiento del tajo

Como director del departamento de Expansión y responsable de obras del grupo, Queijeiro (mano a mano con su hijo, que también trabaja para Ortega) se encarga de controlar todos los tajos, viajando aquí y allá desde la sede de Goa Invest en el polígono de Sabón (Arteixo). Para el seguimiento diario de los trabajos, para rastrear oportunidades en el mercado inmobiliario y para tramitar todos los permisos, Manuel Queijeiro cuenta con arquitectos y aparejadores propios y un jefe en cada una de las áreas en que Inditex divide el planeta.

Pero desde Sabón se encargan de reclutar al personal. María Martínez, de A Estrada, fabrica muebles para las tiendas de la cadena. Industrias Caamaño, de Rutis (Culleredo), es la empresa más grande que contrata Ortega y se responsabiliza de los escaparates, de los elementos de acero inoxidable, aluminio y acero, de algunos muebles, escaleras y ascensores, o de la estructura de la tienda cuando es de hierro. Escayolas Norte (Santiago), con su propietario, José Barril, siempre subido al andamio, se hace cargo de los techos y los estucos decorativos en la rehabilitación de edificios históricos adquiridos por Ortega. Entre ellos destacan los zaras de Roma o Milán, el teatro Losada de Ourense, el cine Capitolio de Elche, el Zara Gran Vía de Madrid, el Liborio García de Málaga o algunas residencias del magnate como el Pazo de Anceis o los chalés de Santa Cruz y A Toxa.

En la agenda de Queijeiro aparecen los teléfonos de varios talleres para cada especialidad. Porque uno solo no sería capaz de asumir todo el volumen de trabajo que genera el imperio: "Se reparte mucho la tarea porque no damos abasto", dice uno de ellos. Así, por ejemplo, Goa Invest confía la carpintería a Ramón García (de Mesía), el más veterano de los del gremio que trabajan para la casa; pero también a Cerqueiro (A Coruña), que se encargó de la inmensa galería de la casa de Ortega en O Parrote; y a Induca, el taller de Cándido Hermida (Valdoviño), que estos días trabaja en París, en la instalación de las ventanas de uno de los cinco edificios que ha adquirido el multimillonario en los Campos Elíseos.

Ésta es la obra más importante de Ortega en la actualidad: la rehabilitación de estos inmuebles históricos de seis plantas. En lo alto de uno de ellos, el único de siete alturas, junto al Lido y frente a Louis Vuitton, se encarama un dúplex que el dueño de Inditex se ha reservado para sí. El resto del inmueble se está dividiendo en apartamentos de 50 metros cuadrados que se destinarán al alquiler.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de octubre de 2007