Montilla exige no perder el tiempo "en falsos dilemas" identitarios

El presidente catalán defiende una política basada en las mejoras sociales

"No vamos a ninguna parte si perdemos el tiempo en falsos dilemas". Con este punto de partida, el presidente de la Generalitat, José Montilla, afrontó ayer su primer debate de política general en el Parlamento catalán. Falso dilema es, especificó, presentar como excluyente la dualidad Cataluña-España, que consideró enriquecedora. Su antídoto, la apuesta por la "normalidad", la "seriedad" y una extensa agenda social. A Cataluña le conviene "superar el pesimismo, la queja permanente y el mal humor" que los nacionalistas, dijo, fomentan.

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El presidente de la Generalitat acudió al debate con un Ejecutivo notablemente cohesionado pero en un clima político dominado por la presión de los sectores nacionalistas, en permanente ebullición. El déficit de infraestructuras y el mal funcionamiento de algunos servicios básicos han servido a los más nacionalistas para proyectar la idea de una Cataluña decadente y castigada por el Gobierno central, tesis que el socialista Montilla combatió ayer poniendo su agenda social en el eje del debate.

No anunció ninguna nueva medida de gran impacto, pero confirmó que su Gobierno dejará de cobrar el impuesto de sucesiones en la transmisión de viviendas de hasta 500.000 euros. Anunció asimismo incentivos de hasta 2.000 euros para las empresas que contraten de forma indefinida a menores de 30 años. Y otro guiño para los jóvenes: el metro de Barcelona funcionará durante toda la noche de los sábados. Ahora ya lo hacía, pero en fase de pruebas.

"La Cataluña del esfuerzo y el mérito debe imponerse a la del lamento y la resignación y a la de los que lo quieren todo sin hacer sacrificios". Con frases como esta Montilla buscó desmarcarse de los 23 años de Gobierno de Jordi Pujol, de los tres años de agitada presidencia de Pasqual Maragall y del pesimismo que invade sectores nacionalistas desde que CiU está en la oposición.

Con el trabajo todo es posible, vino a decir Montilla. Con trabajo y con dinero. Y esto último puede ser un problema menos grave si se cumple el pacto firmado la semana pasada entre el Gobierno y la Generalitat para cumplir lo fijado en el Estatuto y aumentar un 24% las inversiones del Estado en las infraestructuras catalanas.

De ahí el llamamiento al optimismo y a enterrar las "falsas dicotomías". "No podemos quedar prisioneros del dilema excluyente entre Cataluña y España", remachó.

Pero el presidente de la Generalitat no logró cuadrar el círculo. Sus socios de Esquerra Republicana no se sintieron muy representados por un discurso que hablaba de la capacidad de decidir de los catalanes, pero la limitaba a "influir" en las instituciones españolas y europeas. Ni una concesión a los horizontes soberanistas del partido de Josep Lluís Carod.

También hubo un jarro de agua fría para los sectores de ERC que en los últimos días han defendido las protestas antimonárquicas, con quema de retratos de la familia real incluidas. "Quiero una Cataluña respetuosa con todas las instituciones, con todos los símbolos y con todas las leyes de nuestro ordenamiento jurídico; una Cataluña que no necesita quemar nada para hacerse oír", dijo Montilla.

Elogio y reproches de ERC

La reacción de los republicanos no se hizo esperar. Su portavoz, Joan Ridao, suscribió el "mínimo común denominador" de los tres partidos del Gobierno expuesto por Montilla, pero echó en falta, dijo, que hubiera hablado con "claridad" del horizonte de Cataluña "a largo plazo". Un horizonte que para ERC va más allá del marco estatutario. Los diputados de ERC escenificaron el difícil equilibrio que intentan mantener como partido de Gobierno y, a la vez, fuerza radical, absteniéndose de aplaudir a Montilla, cosa que sí hicieron los diputados de los otros dos partidos del Gobierno, PSC e Iniciativa. La expresión de equilibrio consistió en que los seis consejeros del Gobierno que pertenecen a ERC, entre los que están sus dos máximos dirigentes, Carod y Joan Puigcercós, sí aplaudieron.

En cambio, el portavoz de Iniciativa-Esquerra, Jaume Bosch, puso por delante que el Gobierno acude a este debate de inicio de curso parlamentario "plenamente cohesionado" y decidido a afrontar algunas de las cuestiones sobre las que sus miembros arrastran diferencias desde hace años. Los socialistas, por boca de la vicepresidenta del partido, Manuela de Madre, elogiaron la apuesta de Montilla por la Cataluña "del trabajo, el esfuerzo y el mérito" frente a la del "pesimismo".

Ciutadans exigió la salida de Esquerra del Ejecutivo catalán mientras muestre la "falta de lealtad a las instituciones" puesta de manifiesta con su apoyo a la quema de fotografías de los Reyes.

Joan Saura y Josep Lluís Carod Rovira conversan con el presidente de la Generalitat, José Montilla.
Joan Saura y Josep Lluís Carod Rovira conversan con el presidente de la Generalitat, José Montilla.SUSANNA SÁEZ

Falto de 'glamour'

Para Convergència i Unió (CiU), faltó glamour. El que según la federación nacionalista, ahora primera fuerza de la oposición, imperaba en los debates del Parlament en los tiempos de Jordi Pujol. Por esta razón, el portavoz de CiU, Felip Puig, calificó la intervención del presidente Montilla como el "discurso de un correcto burócrata". No le faltaron palabras para descalificarlo: "Triste, gris, aburrido, falto de ilusión, digno de un presidente de Diputación provincial".

Puig reprochó a Montilla que planteara su acción de gobierno como la confrontación entre derecha e izquierda, entre conservadores y progresistas. Esto es traspasar a Cataluña, dijo, "las coordenadas de la política española". En plena coherencia, añadió, con la "sumisión" del Gobierno catalán al PSOE. Su resumen fue que Cataluña es hoy "un barco sin nadie en el timón".

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 26 de septiembre de 2007.

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