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Delirio y nuevo 'pal de paller'

Todo empezó con el suicidio de mi querido Xirinacs, tan respetable como delirante, pues se creyó, libre y soberano, que con él se suicidaba toda Cataluña antes que claudicar. Su sacrificio fructificó en pequeñas plataformas soberanistas y actos violentos que, a su vez, han conducido a ERC y CiU a un nuevo delirio en clave electoral, contradictorio con su afán de seguir figurando en la política española e incluso en la catalana. Para justificar tal contradicción, sus dirigentes han hecho propuestas no menos delirantes: apostar ERC por un próximo plebiscito ilegal y refundar Convergència un catalanismo que abduciría a todos los catalanistas del resto de los partidos. Era de prever que el nacionalismo histórico debía proponerse la cuadratura del círculo desde que el PSC gobierna e impulsa el nuevo Estatuto con eficacia para que, de paso, ZP siga gobernando. El delirio suele acompañar algunas agonías. La de los nacionalismos históricos en España se revela en la desesperada impotencia de quien en el fondo se sabe acabado. De ahí el suicidio político al que se lanzan, confundiendo el frustrado sueño con la realidad tanto el vasco que no sigue a Imaz como el PP. Pese a su pretendido realismo y moderación, el delirio alcanza también al señor Duran, ya que el declarado propósito de gobernar en Madrid con el PSOE (a falta del imposible PP actual) no sólo le enfrenta a su socio catalán, sino al propio presidente Zapatero, al que no deja de llamar falsario y de poco fiar. También el eco mediático colabora en el delirio, pues su morbo escandaloso amenaza aumentar la abstención electoral en beneficio exclusivo del PP. Éste puede volver a mandar si el delirio prosigue y sus voceros se apoderan de la conciencia ciudadana.

Si alguna formación se aferra a Madrid y depende del Gobierno de turno es CiU

Jordi Barbeta, periodista, no ha dudado en afirmar en su artículo Más dura será la caída que "la federación no sólo no ha resuelto ningún problema, sino que los ha agravado todos y además ha perdido respaldo popular". Ese respaldo será aún menor, creo yo, si el votante convergente deduce que su candidato al Congreso, por mucho que logre de ZP beneficios para Cataluña, éstos siempre serán un regalo para el Gobierno de José Montilla, que es el encargado de gestionarlo, y no para el jefe de la oposición, condenado a criticar a Montilla, a Zapatero y a... Duran. Por si fuera poco, sigue creciendo contra Mas la conspiración del legitimismo monárquico pujolista, y el joven Oriol, para mayor delirio, será responsable de la campaña de Duran... Se comprende, por tanto, que el citado periodista crea que para CiU "ha comenzado la cuenta atrás de un big bang tan inexorable como seguramente necesario para que el catalanismo recupere algún día la hegemonía política". Por mi parte, creo que ese día ya llegó con la Entesa catalanista de izquierdas en el Gobierno de la Generalitat. Me parece evidente que si alguna formación se aferra a Madrid y depende del Gobierno de turno (PP o PSOE) es CiU,mientras que el PSC, desde Maragall y Montilla, goza de una autonomía que para sí quisieran, por ejemplo, los socialistas navarros. Si el PSC gobierna como lo hace y aporta más votos que el resto las de autonomías para que el PP no vuelva a mandar, ¿quién le disputará la hegemonía catalanista? La prudente y paciente estrategia de ICV, ecologista y federal, expresa el apoyo que merece ese nuevo pal de paller, no apuntalado en un proyecto retórico o delirante, sino práctico y sensato, de patriotismo cívico. La responsabilidad de ERC en el Gobierno es un buen antídoto contra el delirio que pretenden inocularle sus jóvenes bases. Por eso, cuando Artur Mas proclama, despectivo, que el PSC carece de proyecto y de liderazgo, confunde retórica con programa y dirección gobernante firme con petulancia de marketing. ¿Puede él jactarse de un programa real de progreso de los ciudadanos más ambicioso y de un liderazgo reconocido por sus huestes y aliados más unitario y seguro que el del presidente Montilla? ¿Cuál es, por tanto, la coalición política que carece de proyecto y de liderazgo?

El peligro que ronda al PSC es presumir de esa hegemonía ante la impotencia de sus rivales. Debe aprovecharla con humildad para renovarse por dentro, como ya hace, pero sobre todo para abrirse participativamente a la propia sociedad catalana que tan bien representa. La palabra socialismo deriva de la palabra sociedad. Nace de ella, de los grupos sociales, de las personas concretas, no del Estado u otro centro de poder público. En una verdadera democracia no bastan los votos. Es preciso movilizar a la población para que participe y colabore en el autogobierno (eso es la verdadera autonomía) y no se limite a exigir un buen servicio gubernamental, sino que se corresponsabilice del mismo. Un partido democrático, por muy unido que esté, no es un monolito ni su poder se cuenta por escaños, consejerías o alcaldías, sino por la fuerza social que es capaz de ejercer en todos los ámbitos. Una fuerza de cambio transformador en defensa de los derechos y necesidades de la población. Una fuerza viva y esperanzada que no cae en delirios propios de la impotencia desesperante ni se entrega, en su fatal agonía, al suicidio político.

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