Voto a Karamanlis
El primer ministro griego, el conservador Costas Karamanlis, se arriesgó al adelantar las elecciones legislativas en seis meses. Ha ganado pero no de calle, sino por dos escaños solamente de un total de 300, frente a la cómoda mayoría de 165 de que disponía desde 2004, y con un 41,8% de los votos, aunque el nuevo sistema electoral le ha perjudicado. Pero está decidido a sacar adelante sus planes de reformas económicas, especialmente la de las pensiones, auténtica bomba de relojería, pues de no hacerse nada esta partida pasaría a devorar del 10% en la actualidad a la mitad del PIB a mediados de siglo. Claro que si su partido, Nueva Democracia, ha ganado dos elecciones consecutivas por primera vez en tres décadas, se debe fundamentalmente a la capacidad de liderazgo de Karamanlis, sobrino del líder histórico, y al resultado de la gestión económica que, junto con un notable crecimiento anual de un 4%, ha empezado a reducir uno de los mayores déficit fiscales de la UE.
Karamanlis no podía prever cuando mandó disolver el Parlamento que unos incendios en el Peloponeso iban a acabar con la vida de 65 personas y devorar 600.000 hectáreas de bosque. Las críticas a la lenta reacción del Estado fueron generales, y estos fuegos han hecho mella sobre los electores. No sirven, sin embargo, para explicar todo lo ocurrido en las urnas, como el hecho de que por primera vez desde la dictadura de los coroneles un partido de extrema derecha, la Alianza Popular Ortodoxa, entre en el Parlamento con 10 escaños.
En la izquierda, el terremoto ha sido aún mayor. Los socialistas del Pasok -encabezados por Yorgos Papandreu, hijo y nieto de primeros ministros de una democracia caracterizada por liderazgos dinásticos- han sufrido un descalabro, con su peor resultado en 30 años (102 escaños y 38,1% de los votos), y la subida paralela de los comunistas ortodoxos (7,6% y 20 escaños) y de la Coalición de Izquierdas. Papandreu, tras dos derrotas electorales seguidas por primera vez para el Pasok, se va a ver presionado para dejar la dirección del partido. Estas elecciones deberán abonar la reflexión sobre el futuro de la izquierda moderada en Europa.
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