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Crítica:

Sigue la pasión

Dos títulos de Eça de Queirós recuerdan el porqué de la eterna admiración de los españoles por la literatura del portugués. Una obra de adulterio y una fantástica.

Siempre hay una buena razón para leer a José Maria Eça de Queirós (Póvoa de Varzim, 1845-París, 1900), el escritor portugués más presente en España hasta la irrupción de Fernando Pessoa. Hace un siglo, las traducciones de sus obras se sucedían a ritmo vertiginoso, gracias a la labor de escritores-traductores como Andrés González-Blanco, Wenceslao Fernández Flórez, Eduardo Marquina o Ramón María del Valle-Inclán (que firmó, pero parece que no tradujo, algunas de sus obras). Eça de Queirós fue, junto a algún poeta, como Eugénio de Castro, la referencia inmediata de la literatura portuguesa en España a principios del siglo XX. La sentencia de Enrique Díez Canedo no deja lugar a dudas: "Nada más desconocido, en efecto, que la literatura portuguesa para un español. Para los de ayer, empezaba y acababa en Camões; para los de hoy, se resume en Eça de Queirós".

Su presencia en la literatura española ha sido decisiva y duradera, despertando una pasión que no envejece con el paso del tiempo, y que llevó a Carmen de Burgos a referirse al novelista como "una de las admiraciones que subsisten, cuando llega la época en que se empieza a dejar de admirar". En los últimos años, editoriales como Acantilado, Alianza o Pre-Textos -entre otras- se han esforzado en ofrecer nuevas ediciones (y nuevas traducciones) de títulos esenciales, como La ilustre casa de Ramires, El primo Basilio, Los Maia o El crimen del padre Amaro. A este empeño se suman ahora Alba y Rey Lear con Alves y compañía (en solventes traducciones de Javier Coca y Raquel R. Aguilera y de Juan Lázaro, respectivamente), una novela breve, rápida en su trama y hábil en el desarrollo, que contiene en pequeñas dosis lo mejor de los temas y el estilo de su autor. Una novela que para algunos es su obra más inmoral, en la que reflexiona sobre el tema del adulterio (presente también en El primo Basilio y Los Maia, aunque sin el componente irónico que trasluce Alves y compañía) para mostrar una ácida sátira de la vida que mejor retrató, la de la burguesía del barrio lisboeta del Chiado. Es, en suma, un libro ágil y plagado de destellos de genio, con cierto aire folletinesco, que muestra la frágil tensión entre el honor y el desencanto, entre la dignidad social y la inquietante sombra de lo grotesco.

Algo más lejos del célebre realismo queirosiano se encuentra El mandarín, otra novela breve que rescata Acantilado para hacernos partícipes del Eça que no renuncia a la literatura fantástica. En la carta-prefacio que escribió para la edición francesa, el autor realiza una auténtica disección de la literatura y la sociedad portuguesas de su tiempo, moviéndose con habilidad y mucha ironía por algunos de los tópicos más fervientes (el dominio de la emoción sobre el razonamiento, de la fantasía sobre la realidad) del espíritu portugués, delimitando el campo que habita, dentro del mismo terreno de la modernidad, esta novela singular en el conjunto de su obra, que se rebela contra "la impertinente tiranía de la realidad".

Dos libros, que son tres, para leer de un tirón en estos tiempos en los que todos hemos dejado, con un guiño, de admirar.

José Maria Eça de Queirós. Alves y compañía. Traducción de Javier Coca y Raquel R. Aguilera. Alba, 2007. 128 páginas. 11 euros. Alves & Cª. Traducción de Juan Lázaro. Posfacio de Jesús Egido. Rey Lear, 2007. 136 páginas. 15,50 euros. El mandarín. Traducción de Javier Coca y Raquel R. Aguilera. Acantilado, 2007. 114 páginas. 14 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de septiembre de 2007