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Necrológica:IN MEMÓRIAM

José Miguel de Azaola, vasco y europeísta

En Alcalá de Henares ha fallecido el pasado sábado, día 8 de septiembre José Miguel de Azaola, nacido en Bilbao en 1917, ensayista y activo europeísta desde los años cuarenta del pasado siglo.

Era el último superviviente de un grupo de escritores bilbaínos -el llamado Grupo Alea- formado en los albores de la Guerra Civil, es decir, surgido en mal momento, puede que demasiado tarde o demasiado pronto.

En aquel grupo estaban, junto a Azaola, poetas como Blas de Otero, Jaime Delclaux (a quien Juan Ramón Jiménez dedicaría La estación total) y Esteban Urkiaga (Lauaxeta), fusilado por las tropas franquistas en 1937. Todos eran fervientes católicos, casi todos burgueses y vagamente liberales todos, aunque probablemente fuera José Miguel de Azaola (Bilbao, 1917) el más genuino y consecuente liberal del grupo. Como primera providencia, se negó a intervenir, marchando a Francia, en una guerra que entendió fratricida.

Licenciado en Derecho por la Universidad de Salamanca, realizó estudios de doctorado en Madrid y Friburgo (Suiza). En 1942 trasladó su residencia a San Sebastián, ciudad desde la cual ejercería una notable actividad cultural. Allí se editarían los Cuadernos del Grupo Alea, colección en la que Blas de Otero publicó ese mismo año su primer poemario, Cántico espiritual. En la capital guipuzcoana funda y dirige la revista Lar, así como la publicación bilingüe (castellano / vasco) Egan, complemento literario del Boletín de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. A comienzos de los años cincuenta crea el Centro de Estudios Europeos del Ateneo y Círculo Cultural Guipuzcoano. La cultura, el País Vasco y Europa serán tres de los ejes de su pensamiento a lo largo de casi siete décadas. Algo poco común en un país tendente al ensimismamiento, la fijeza y los puntos redondos.

Nadie más alejado del fanatismo carpetovetónico que este vasco plural y civil que, sin embargo, no renunció, como alguno de sus compañeros del grupo Alea, a una interpretación cristiana de la vida. Junto a Carlos Santamaría, participó desde su creación a finales de los años cuarenta en las Conversaciones Católicas Internacionales de San Sebastián. Entretanto, su actividad europeísta no cesa. Se traslada a Madrid en 1953, trabaja en la Oficina de Publicaciones del CSIC y en el Instituto Nacional del Libro. Funda y dirige el Seminario de Estudios Europeos en el Ateneo de Madrid y ocupa la Secretaría de Coordinación de Grupos Europeístas de España. Paralelamente, se dedica activamente al mundo del libro (sobre todo infantil y juvenil), alcanzando la vicepresidencia de la Organización Internacional del Libro Juvenil y presidiendo el jurado internacional del prestigioso premio Hans-Christian Andersen.

Entre 1963 y 1977, como funcionario de la Unesco (jefe del Centro Internacional de Información sobre Derechos de Autor), fijará su domicilio en las cercanías de París. Desde 1979 vivirá en Friburgo. Su actividad intelectual no se interrumpirá. Azaola seguirá escribiendo libros, dictando conferencias y publicando artículos como los que enviaba a EL PAÍS. Artículos que a menudo derivaban en breves y lúcidos ensayos. Su paisano Gregorio San Juan dijo de él que le hacía pensar en los humanistas del siglo XV, dada la variedad de sus registros. Azaola escribió poemas y publicó novelas como Fin de semana y El pan de nadie. Fue también dramaturgo y autor de ensayos clásicos como el archicitado (y fusilado) Vasconia y su destino, publicado en la editorial de la Revista de Occidente en dos tomos en 1972. Europeísta y también unamuniano (a diferencia de su querido amigo Blas de Otero), Azaola dedicó al pensador bilbaíno ensayos como El mar en Unamuno y Unamuno y sus guerras civiles. Pero Azaola no es un agitador como don Miguel, ni lleva el signo de la contradicción a cuestas.

Azaola fue un vasco pensante, razonable. Vasco comunicante gracias al periodismo que nunca abandonó. Un vasco equilibrado que a veces nos recuerda el poema de Javier de Bengoechea en el que dice: "Vivo en una recatada / Bilbao interior sitiada / por el vasco neandertal. / Mi sitio es el del artista / con un abuelo carlista / y otro abuelo liberal". Ha dicho Adrián Celaya que Azaola "se acerca a lo vasco con serenidad, huyendo de todos los extremismos, y se acerca a Europa sin olvidar que tampoco Europa es nada sin sus hombres y sus pueblos". Así, serenamente, Azaola expresaba en 1998 que "en España, por desgracia, no hay tradición federalista. Hay fuertes y añejos nacionalismos (frente al centrípeto, varios centrífugos) que, a mi entender, sólo podrán ser superados mediante un paciente e imaginativo cultivo del espíritu federalista (...). Europa, lo mismo que España, difícilmente tendrá un sistema federal verdadero y fecundo si el espíritu federalista no prevalece en ella sobre el de los nacionalismos".

En 1999 la Biblioteca de Bidebarrieta le tributó en Bilbao un homenaje, tras el cual Azaola confesó que "todo lo que he podido dar está en mis obras". En 2001 la Sociedad de Estudios Vascos / Eusko Ikaskuntza le concedió el premio Manuel de Lekuona. Su obra ensayística forma parte, sin duda, de las aportaciones más valiosas que el País Vasco (Vasconia, como él decía) ha realizado al acervo común español y europeo.

José Fernández de la Sota es escritor y poeta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de septiembre de 2007