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Necrológica:

Julieta Campos, escritora y ensayista cubana

Publicó una novela sobre los cinco siglos de la saga de su familia

La escritora cubana Julieta Campos falleció anteayer en Ciudad de México a la edad de 75 años, víctima de un cáncer. Había nacido en La Habana en 1932, y era una destacada figura de la intelectualidad latinoamericana, con multitud de libros de ensayo, teatro, cuento y novela. Su última obra, una novela monumental de casi 1.000 páginas titulada La forza del destino (Alfaguara, 2004), era un recorrido por su saga familiar en cinco siglos de la historia de Cuba.

Julieta Campos de la Torre nació en la gran casona familiar de la calle de San Lázaro, en Centro Habana, dentro de una ilustrada familia en la que destacaba su tío abuelo, Carlos de la Torre, eminente científico, biólogo y naturalista fundador de varias instituciones científicas cubanas a medio camino entre finales del siglo XIX y el naciente siglo XX. Julieta estudió en la Universidad de La Habana, donde muy pronto se doctoró en Filosofía y Letras para después marchar a la Universidad de La Sorbona de París, donde consiguió laurearse en Literatura Francesa y Contemporánea. A su regreso a Cuba, tomó contacto con los círculos intelectuales habaneros en un momento ya convulso para la República, y por fin entre 1950 y 1952 emprende un viaje sin regreso que la lleva primero a Buenos Aires y luego inmediatamente a México, donde se radica para siempre y donde encontraría una segunda patria de adopción.

En 1966, ya con la ciudadanía mexicana, Julieta obtiene la beca especial anual del Centro Mexicano de Creadores, y después es nombrada profesora de la Escuela Nacional de Estudios Profesionales de Acatlán. Dirigió varios años la revista de la Universidad de México y participó activamente como colaboradora en otras publicaciones literarias importantes como Plural y Vuelta. Su amplio catálogo incluye obras también traducidas al inglés, el francés y el italiano, como Celina y los gatos (relato, 1968); El miedo a perder a Eurídice (novela, 1971-1979); Jardín de invierno (teatro, 1989); Muerte por agua (novela, 1985), y Tiene los cabellos rojizos y se llama Sabina (novela, 1974), por la que obtiene el Premio Xavier Villaurrutia. El libro Reunión de familia (1997) compendió sus obras dramáticas.

Casada con el que fuera gobernador de Tabasco, el abogado y escritor, ahora su viudo, Enrique González Pedrero (que también estuvo desde 1955 vinculado al Fondo de Cultura Económica, FCE, que llegó a dirigir en 1989), se sensibilizó con los más desfavorecidos y los marginados, comprometiéndose por más de seis años en un programa de aplicación de un modelo de desarrollo integral y participativo en las comunidades indígenas excluidas. De allí surgieron tres libros más de Julieta: primero fueron Tabasco, un jaguar despertado y El lujo del sol, y después su más conocido ¿Qué hacemos con los pobres? Sus dos libros de ensayo más reputados son El oficio de leer y Función de la novela. Su interés por la antropología la hizo escribir La herencia obstinada, relatos sobre la tradición oral nahua en Mecayapán (Veracruz).

Uno de sus últimos viajes fue a la Feria del Libro de Miami en 2005, donde presentó su novela monumental (y verdadero testamento literario) La forza del destino, probablemente uno de los más grandes esfuerzos dentro de la novela histórica cubana contemporánea, ya que estuvo 23 años escribiéndolo, y donde cuenta los avatares y aventuras de la saga de los De la Torre desde el siglo XVI al XX, calificada por la crítica como "una catarsis de su relación con Cuba". Escribió multitud de artículos y ensayos sueltos, reunidos finalmente en dos tomos: Obras reunidas (Razones y pasiones; FCE, 2006). Y no puede dejar de mencionarse su papel de traductora especialísima en textos de gran envergadura como Los aztecas bajo el dominio español 1519-1810, de Charles Gibson; Los condenados de la tierra, de Franz Fanon, o Historia y enajenación, de André Gorz. Fue miembro del Consejo Consultor de la Fundación Octavio Paz y, durante el Gobierno de López Obrador, secretaria de Turismo de Distrito Federal.

Entre sus muchos enunciados estaba el de la "escritura andrógina", por el que fue duramente criticada por las feministas durante el Congreso de Literatura de Mujeres de México. En uno de sus ensayos llegó a proponer cambiar "realismo mágico" (con el que no compartía nada) por "realismo crítico", algo más real y ajustado a la cruda realidad social y política del continente. Su postura siempre fue diáfana: "Escribir sería transitar entre la experiencia estética y la solidaridad ética". Nos queda su gran novela, La forza del destino (con ese título premonitorio pedido prestado a la ópera verdiana), y de la que la ensayista Madeline Cámara escribió en 2006 en El Nuevo Herald: "Es una acerba crítica a la utopía que todos hemos construido sobre el destino de la pequeña isla".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de septiembre de 2007