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Crítica:COMER

Bodas al aire hispano-musulmán

CASTILLO DE SANTA CATALINA, en el cerro Miramar, un balcón malagueño sobre la Costa del Sol

Bodas, comuniones y bautizos. Y un hotel donde celebrarlo. Por comodidad, organización e instalaciones adecuadas para congregar multitudes. Algunas veces, este tipo de hoteles sacrifican incluso cierta capacidad de alojamiento por dar espacio a los salones de convite, siempre que el escenario sea único o tenga duende. En el cerro Miramar de la capital malagueña acaba de entrar en funcionamiento uno de estos lugares que todo el mundo elige para casarse y dar prosapia al álbum fotográfico del festejo. El Castillo de Santa Catalina es un palacete hispano-musulmán construido en 1932 sobre los restos de una legendaria fortaleza que defendió la ciudad, allá en tiempos de Felipe IV. Su traza, inspirada en las murallas de la alcazaba vecina, fue un antojo arábigo andalusí del conde de Mieres, Manuel Loring Martínez, quien oteaba desde los torreones el arribo a puerto de su flota mercante. Las arquitectas María Caballos y Cristina Borrero han firmado su transformación en hotel.

CASTILLO DE SANTA CATALINA

Categoría: 4 estrellas. Ramos Carrión, 38. Málaga. Teléfono: 952 21 27 00. Fax: 952 60 67 39. 'Web': www.castillodesantacatalina.com. Instalaciones: aparcamiento exterior, jardines, salas de convenciones (500 personas), comedores. Habitaciones: 8 'suites' con calefacción, aire acondicionado, teléfono, TV color, secador. Servicios: algunas habitaciones adaptadas para discapacitados, no admite animales. Precios: desde 80 euros en habitación doble de uso individual. Tarjetas: MasterCard, Visa.

Arquitectura ... 8

Decoración ... 4

Estado de conservación ... 7

Confortabilidad habitaciones ... 6

Aseos ... 6

Ambiente ... 6

Desayuno ... 4

Atención ... 6

Tranquilidad ... 7

Instalaciones ... 5

Arcos, alfices, pilastras, ajimeces, falsos matacanes. Y una fuente en el jardín del segundo nivel. Palmeras, eucaliptos, rododendros y arriates descolgados. Línea a línea, calcados de los poemas de Ibn Gabirol: "La noche me parece como un negro / al que hubieran ceñido la cabeza / con un turbante blanco". No es Babilonia, pero en el sueño de Loring algo se le parece. Una atalaya desde la que se ve toda Málaga, parte de Torremolinos y el mar que la separa de África. El palacete pone a disposición de quien lo solicite 1.200 metros cuadrados de salones, otros tantos de terrazas y jardines ceremoniales, y el resto, en ocho únicas suites a tono de los típicos esponsales malagueños. Camas adoseladas, mobiliario arabizante, cortinajes de peso, tapicerías estampadas y arañas barrocas colgadas del techo, bien centradas. Unas, con vistas a la bahía de Málaga; otras, a los montes del Limonar. Y la suite nupcial... Mucho frufrú, poco servicio; discreción, la reglamentaria, y un silencio beatífico.

Presentaciones de prensa, exposiciones de arte, conciertos, fiestas temáticas, despedidas, aniversarios... La panoplia de eventos es ilimitada. Lo de menos es la tersura de las camas y el apaño del desayuno matinal al huésped de paso. Aquí prima el catering multitudinario con el nombre y el apellido del chef Pedro Pablo Hoz, artífice culinario del Grupo Lepanto, el más refinado de la ciudad.

ALREDEDORES

PUERTO PRIVILEGIADO de la España musulmana, Málaga cuelga su estructura urbana de la alcazaba, se expande hacia la zona portuaria marítima creada por las familias Heredia y Larios, abraza el curso del río Guadalhorce y arrebuja su casco histórico en torno a la catedral, conocida como la manquita por tener sólo una torre. Visita imprescindible:el Museo Picasso, colección del pintor malagueño en un edificio proyectado por Richard Gluckman (www.museopicassomalaga.org).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de agosto de 2007

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