Crítica:Crítica
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A vueltas con la ética

Fue Gadamer, uno de los grandes protagonistas del último libro de Jesús Conill, quien elevó a la categoría de "manifiesto hermenéutico" el comentario de Kart Barth a la Carta a los Romanos, de san Pablo. En la exégesis de este texto, sostiene Gadamer, el teólogo de Basilea "traduce radicalmente" el temporalmente lejano mensaje paulino al lenguaje de nuestros días, ejerciendo así de hermeneuta. El hermeneuta es, pues, en una primera aproximación, una especie de barquero que une lejanas orillas, que, en feliz formulación gadameriana, "fusiona horizontes". El hermeneuta tiene que ver, aunque no sólo, con la vivificación de los textos. En sus manos, la herencia escrita del pasado vuelve a interpelarnos.

ÉTICA HERMENÉUTICA. Crítica desde la factividad

Jesús Conill Sancho

Tecnos. Madrid, 2006

285 páginas. 14,50 euros

Por cierto: un entusiasta

de Kart Barth ha escrito que quien abandone este mundo sin haber leído el Comentario a la Carta a los Romanos y Lo santo, de R. Otto, habrá vivido en vano. Mitigada convenientemente la exageración, quede en pie la recomendación... Y nadie piense que es necesario conocer los últimos debates en teoría hermenéutica para comprender y gozar con la lectura de los textos. Se puede disfrutar de Homero sin ser un especialista en clásicos. Eso sí: determinadas circunstancias históricas favorecen la comprensión.

Estoy, a fin de conseguir la comprensión, simplificando el contenido del libro que presento. Jesús Conill, catedrático de filosofía moral en la Universidad de Valencia, ha escrito un libro de alta investigación. A sus páginas se asoman todos los grandes maestros de la ética hermenéutica. Se trata, creo, de recreaciones muy logradas de Kant, Dilthey, Heidegger, Gadamer, Ricoeur, Taylor, Vattimo y algunos más. El lector intuye que hay mucho esfuerzo intelectual detrás de tanto logro expositivo. Especial interés suscita el magnífico análisis comparativo entre Heidegger y Gadamer.

Y lo más decisivo: Conill

sabe que en una comprensión radical del ser humano, como la que él intenta ofrecer, está siempre presente la dimensión ética y práctica. Por eso, su ética hermenéutica crítica desde la facticidad, desde el propio existir, se propone metas casi inalcanzables: esclarecer la existencia humana, comprenderla, interpretarla y, a ser posible, darle sentido. Es una ética crítica que mira hacia el pasado y hacia el futuro, intentando dar nombre a lo que nos pasa en el presente. Una ética hermenéutica que se propone desenmascarar, criticar e incluso destruir los senderos equivocados que transitamos. Formulado positivamente: se busca una ética que aporte luz a los trances más amargos del vivir humano, entre los que siempre se dan cita el sufrimiento, la soledad, el fracaso, la culpa, la muerte. Para ello, Conill pide, en un gran alarde informativo, ayuda a algunos de los grandes proyectos éticos contemporáneos: a la ética discursiva, de Apel y Habermas; a la ética de la alteridad y el reconocimiento, de Ricoeur; a la ética de la autenticidad, de Taylor; y a la ética de la piedad, de Vattimo. En tan buena compañía, Conill sale muy airoso en su intento de alumbrar una ética hermenéutica experiencial, humanista, aplicada, axiológica y liberadora. Una obra de gran calado filosófico y humano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0024, 24 de agosto de 2007.

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