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Reportaje:

Los pecados de la CIA

Un informe interno confirma los agujeros del espionaje de EE UU antes del 11-S

La red de espionaje de EE UU estaba llena de agujeros antes de los ataques suicidas del 11-S. Y así lo pone negro sobre blanco un informe interno de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), en el que se afirma que no se afrontó de manera eficaz la amenaza que planteaba la organización terrorista Al Qaeda ni se destinaron los recursos necesarios para combatirla. Además, denuncia la falta de coordinación con el Buró Federal de Investigación (FBI) y con la Agencia de Seguridad Nacional (NSA).

La CIA estaba dirigida entonces por George Tenet, que dejó en junio de 2004 el cargo tras siete años de servicio. El informe del supervisor de la agencia expone los fallos internos previos al 11-S. El documento confirma ahora que no había una coordinación entre los responsables del servicio de espionaje, que no ejercieron su autoridad de forma efectiva. Esto provocó, según el análisis, que no pudieran utilizarse los medios de los que dispone la CIA para delinear un plan contra la red de Osama Bin Laden.

El jarro de agua fría sobre Tenet y su gestión de los servicios de espionaje no se queda ahí. El documento, elaborado por el inspector general, John Helgerson, denuncia que no sólo hubo una descoordinación interna, sino que se pecó al no compartir información crítica sobre Al Qaeda con otras agencias de seguridad, como el FBI o la NSA, lo que representa una oportunidad perdida a la hora de evaluar la información que tenían en su poder sobre la trama terrorista que ejecutó los atentados del 11-S.

Esos fallos de coordinación interna y externa provocaron, por ejemplo, que la CIA fuera incapaz de actuar ante dos sospechosos de Al Qaeda que tenía vigilados, y al final resultaron ser dos de los terroristas que participaron en el operativo que utilizó aviones comerciales como misiles contra las Torres Gemelas y el Pentágono. El inspector cree que estos individuos podrían haber aportado información clave sobre sus planes u otros ataques, aunque reconoce que no se habría podido predecir el 11-S.

"Que tantas personas no reaccionaran refleja una quiebra sistemática causada por un exceso de trabajo, ambigüedades en las responsabilidades de cada uno y problemas de gestión de los programas", reza el informe, de 19 páginas. El documento fue elaborado hace dos años y desclasificado el martes a petición del Congreso, y acusa directamente a Tenet de no destinar los recursos financieros suficientes y el personal necesario a la evaluación de una amenaza que se consideraba severa.

El informe también revela que Porter Goss, sucesor de George Tenet, rechazó la idea de que se creara un comité externo que evaluara el trabajo realizado por la CIA antes del 11-S, en contra de las recomendaciones hechas por el inspector general en julio de 2005. Ese comité debía considerar acciones disciplinarias contra los espías y otros responsables, incluido Tenet, según el mandato que le dio el Congreso. Michael Hayden, actual director de la CIA, apoyó ayer la decisión de Goss, porque considera que ningún oficial de los servicios secretos violó la ley.

El informe del supervisor apoya así la posición de la Casa Blanca, que miró a los servicios de inteligencia para justificar los fallos que llevaron al 11-S. Esos mismos fallos de inteligencia fueron los que pusieron en bandeja la cabeza de Tenet, porque las pruebas que se utilizaron para invadir Irak no se correspondían con la amenaza que en realidad representaba Sadam Husein.

El entonces director de la CIA insiste en que sus servicios disponían de un plan robusto contra Al Qaeda, lo que le permitió delinear un plan específico cuatro días después de los ataques.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de agosto de 2007