Reportaje:

El escritor del otro lado

Una muestra de caricaturas conmemora en Ourense el centenario del luso Miguel Torga

"No sé bien si saben, pero soy transmontano y en mi tierra hay una planta llamada torga, de fuertes raíces, tan fuertes que una persona intenta arrancarlas de la tierra pero no puede". Quien así hablaba era el médico Adolfo Correia Rocha, nombre en el registro del escritor portugués Miguel Torga, nacido hace 100 años en São Martinho da Anta, a pocos kilómetros de la frontera con la Baixa Limia, y muerto en 1995. Una exposición colectiva de caricaturas conmemora, en la Casa da Xuventude de Ourense y como resultado del concurso que organiza el ayuntamiento portugués de Vila Real, el centenario del autor de Bichos.

"Escogí Miguel por dos personajes españoles que admiro con toda mi admiración", continuaba Torga su explicación en una entrevista poco antes de fallecer, "Miguel Cervantes y Miguel Unamuno". A pesar de su nacionalismo portugués, el iberismo centró la ideología del solitario poeta de Trás-os-Montes. Para Miguel Anxo Fernán Vello, devoto de los Diários de Torga, publicados tras su muerte en 16 volúmenes, "la grieta más profunda en el pensamiento de Miguel Torga se la produjo Galicia". Fernán Vello se refiere a la duda que el origen común de Galicia y Portugal causaba en el patriotismo luso del escritor.

"Pero Torga no tenía que hablar de Galicia, porque era gallego", ironiza Manuel Rivas

"Pero Torga tampoco tenía que hablar de Galicia", opina divertido Manuel Rivas, que señala las pocas referencias galaicas existentes en los Diários, "porque en realidad él era gallego, de la frontera". En el intransferible santuario de escritores de Rivas, Miguel Torga se topa con el mexicano Juan Rulfo "en esa condición de toda literatura que no desfallece: una vibración bíblica". "Él no tiene la culpa de ser uno de mis autores de referencia", relata, "pero siento por Torga una atracción casi inexplicable". Rivas recuerda cómo extraña en los medios literarios de Portugal su filiación torguiana: "Los portugueses quedan desconcertados cuando escapas del 'Barça vs. Madrid', es decir, del 'Lobo Antunes vs. Saramago".

La posición de Miguel Torga en el campo de las letras lusas siempre se ha inclinado hacia lo periférico. Quizás en paralelo con su situación geográfica -Torga vino al mundo en una aldea del norte, São Martinho da Anta, y vivió y trabajó en Coimbra- la pluma de Contos da Montanha no resultaba partidario de saraos, encuentros, reuniones de literatos. Y, con todo, sus relaciones fueron intensas, en persona o por correspondencia, con figuras como Fernando Pessoa, Eugénio de Andrade o Sophia de Mello. El poeta y diputado socialista portugués Manuel Alegre lo definía así a comienzos de mes en un homenaje en Coimbra: "Pero nunca fue un alineado. Fue siempre él mismo, Orfeo rebelde, insumiso e intransigente ante todas las formas de regimentación".

Con Galicia estableció pocos puentes fuera de las historias de sus libros. "Sé que Manuel María lo trató", asegura Miguel Anxo Fernán Vello, "y que, según me contó luego, Torga era muy consciente de las raíces gallego-portuguesas". La profesora retirada de gramática portuguesa de la Universidad de Santiago de Compostela, Pilar Vázquez Cuesta, hizo de embajadora literaria de Torga, pero en Madrid. En el año 67 había publicado en la Revista de Occidente una antología del poeta portugués y años después tradujo sus Poemas Ibéricos. Fernán Vello también menciona a Bernardino Graña, el autor del influyente poemario Profecía do mar. "Ya casi nadie se acuerda, pero Bernardino hizo una tesis sobre Torga

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[El sentimiento cósmico en Miguel Torga, autoeditado en 1961]".

Para Manuel Rivas, entre Torga y algunos escritores gallegos, más que influencias, "hay una materia matricial, un polen, común". "Esa mezcla de sutileza y dureza, como la propia torga [urce],

de los Contos da Montanha o de Novos Contos da Montanha", argumenta, "actúa igualmente en Dos arquivos do trasno, de Dieste, o en Os biosbardos, de Blanco Amor". Rivas considera que "la exquisitez y la talla" que caracteriza la poesía de Torga lo equiparan a "los peñascos de Castro Laboreiro, cuyas formas son el resultado de la fuerza del viento". Manuel Rivas rememora la querencia de Torga, que no entró en el canon escolar portugués hasta 1976, 48 años después de publicar su primera obra -el poemario Ansiedade-, por Rosalía. "Escribía en la frontera y Galicia era, para él, el lado oscuro de donde vienen los secretos", concluye.

Opositor al Estado Novo de Salazar, Miguel Torga es uno de los escritores más citados por los políticos portugueses. El propio Manuel Alegre, en medio de la tormenta desatada por las declaraciones iberistas de José Saramago, rescataba hace escasos días una reflexión del de São Martinho da Anta: "Mi pobre Portugal lleva 800 años resistiendo las seducciones de una España irresistible".

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