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Reportaje:

Lágrimas de pasión lésbica

Una compañía de teatro española triunfa en Berlín con la adaptación de la película del cineasta Rainer W. Fassbinder sobre el amor entre mujeres. Ahora estrena en Madrid

Dos mujeres se miran fugazmente sobre un escenario y de repente algo estalla entre ellas. No es sólo sexo, sino un juego de dominación que acaba tan violentamente como las relaciones machistas que ambas despreciaban.

La primera vez que el actor y director teatral Miquel Insúa vio la película Las amargas lágrimas de Petra von Kant, de Rainer Werner Fassbinder (Alemania, 1945-1982), le pareció "un aburrimiento". Aquella historia de atracción entre una exitosa diseñadora de moda y una modelo que finalmente la abandona no tendría mayor misterio si el estreno no fuera en 1972, cuando las imágenes de amor lésbico todavía podían provocar un escándalo.

Hoy, Insúa se mueve entre las butacas del Pequeño Teatro Gran Vía de Madrid para ultimar la novedosa puesta en escena de la compañía los Cráneos de Yorick, que estrena mañana tras su presentación oficial en el Deutsches Theater de Berlín en junio. Hasta ese momento, ninguna compañía española había subido a las tablas de este centro, una de las grandes salas de teatro de la capital alemana, y menos con un autor-mito como Fassbinder en el 25 aniversario de su muerte.

La escenografía parece un espejo, con butacas que miran a los espectadores
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Los Cráneos de Yorick fueron invitados por este teatro alemán, -que hacía su propio homenaje a Fassbinder en versión original-, después de un primer esbozo en el Festival Visible de Madrid del año pasado. "Cuando me encargaron que hiciéramos un work in progress de tema lésbico, volví a leer el texto de Fassbinder. Era tan bueno que merecía la pena intentarlo. Después lo vieron los alemanes y les gustó, así que nos pidieron que ampliásemos el montaje", asegura Insúa durante un ensayo.

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Su apuesta innovadora consiste en una escenografía que parece un "espejo", con butacas iguales a las que ocupa el espectador y pantallas donde se proyecta en directo imágenes del público. Sobre el escenario, la actriz Luchy López se viste y desviste como la nueva Petra von Kant. "¿Quieres té o coñac?", pregunta con mirada intensa a Sandra Dominique, la joven Karin. "Un whisky", responde ella con ojos de gata.Y entonces recibe un guante de terciopelo rojo que se enfunda con infinita sensualidad. Aquí no existen copas, ni teléfonos ni nada de atrezzo, sino una colección de símbolos que juegan con la imaginación del espectador y recuerdan el fetichismo del autor alemán. "¿Quieres más champagne?" Pues aquí tienes un par de zapatos rojos de tacón.

Miquel Insúa interrumpe cada poco el ensayo y matiza los movimientos de las seis actrices del elenco, completado por Natalia Méndez, Dulcinea Juárez, Ana María Casas e Ismeni Espejel. Cada una tiene su motivo particular para identificarse con la historia. "Yo tengo una tía compositora de tangos en Argentina. Lesbiana. Y sé cuánto ha tenido que luchar en un mundo de hombres", cuenta Natalia Méndez, que encarna a Marlene, la amante-esclava de Petra von Kant.

Las amargas lágrimas de Petra von Kant. Pequeño Teatro Gran Vía. Gran Vía, 66. Tel. 91 541 55 69. Hasta el 9 de septiembre.

Una vida turbulenta

"Me pones enferma. Nunca sé cuál es la verdadera razón por la que estás conmigo, si es porque tengo dinero y te doy oportunidades o... porque me quieres".

Esta frase, del guión de Las amargas..., se escuchó a menudo de los labios del propio creador alemán R. W. Fassbinder. Igual que Petra von Kant, él también "pagaba" con regalos a muchos colaboradores, como un intento desesperado de ser amado.

Algunos biógrafos señalan que el personaje femenino de Petra es un símbolo del propio Fassbinder, decepcionado porque el actor Günther Kaufmann, con el que mantenía una íntima relación, no abandonaba a su mujer.

Como él, muchos de sus amantes ascendieron a la categoría de actores secundarios en sus películas. El caso más sangrante fue el de Armin Meier, un carnicero "que se parecía a James Dean", según la apasionada descripción de Fassbinder.

Durante la etapa que estuvieron juntos, Meier se dejó modelar por el cineasta incluso en la forma de moverse o hablar. Sin embargo, aquella obsesiva relación recordaba demasiado a los dramas de Fassbinder, con celos, violentas discusiones, sexo sadomasoquista para reconciliarse y drogas que a partir de los años setenta se convirtieron en una constante en la vida del director alemán.

Meier era incapaz de vivir sin Fassbinder y éste no reconocía cuánto le necesitaba, así que en 1978 -durante el rodaje de El matrimonio de Maria Braun- no tuvo inconveniente en abandonar a Meier con una críptica carta de despedida. Dos meses después, el joven carnicero parecido a James Dean fue encontrado muerto en la casa que Fassbinder tenía en Múnich, rodeado de botes de somníferos vacíos.

El cineasta, que se negó a ir al entierro, necesitó rodar En un año con trece lunas (1978) para expresar lo que aquel suicidio había significado en su vida: nunca dejó de sentirse culpable por su muerte. El 10 de junio de 1982 fue él quien fue hallado muerto por una sobredosis de cocaína.

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