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Las fiestas mayores del barrio de Gràcia se inician con llamadas al civismo y la diversión

Un grupo antisistema trata de boicotear con gritos el pregón de Josep Maria Álvarez

El pregonero de la Fiesta Mayor de Gràcia, el sindicalista Josep Maria Álvarez, tuvo que alzar mucho la voz para que ayer se escucharan sus palabras, una invitación a celebrar con alegría y civismo la gran cita festiva del verano en Barcelona, que concluirá el 21 de agosto. Un grupo de personas antisistema, vinculadas a las fiestas alternativas, impidió con gritos y pitidos que el acto inaugural se desarrollara con tranquilidad. Los que protestaban quisieron mostrar así su enfado con los responsables del distrito, que han trasladado los festejos alternativos a la calle de Còrsega.

Los organizadores de las fiestas alternativas de Gràcia solían respetar al pregonero de los festejos oficiales. En esta edición, que se inauguró oficialmente ayer, no ha sido así. El secretario general de la UGT en Cataluña, Josep Maria Álvarez, vecino del barrio desde 1992 y encargado del pregón de este año, lo tuvo muy difícil para dejarse oír durante su discurso. Unos 20 integrantes de colectivos antisistema trataron de acallarle con silbidos y gritos de "traidor" y "vendido". Lo mismo hicieron en el turno de palabra del alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, que optó por la brevedad. En su caso también fue abucheado por parte de los ciudadanos que abarrotaron por la tarde la plaza de Rius i Taulet para seguir el acto inaugural.

El pregón de Álvarez tuvo un marcado carácter social -con alusiones a sueldos bajos, críticas a la especulación y chascarrillos con las infraestructuras-, pero ese tono no fue suficiente para satisfacer a los alternativos. Su actitud provocó momentos de tensión, como el que se dio cuando algunos vecinos se encararon con ellos. Los Mossos d'Esquadra no intervinieron y dejaron que la protesta se consumiera por cansancio. "Para qué nos vamos a enfadar, si aquí está la policía y no hace nada", lamentó uno de los asistentes.

Con anterioridad, los impulsores de las fiestas alternativas sí que pudieron leer sin interrupciones su pregón. Lo hicieron subidos a una plataforma tipo andamio que lucía una pancarta que rezaba: "De la Vila somos y en la Vila nos quedamos". Este año, las respectivas organizaciones de las fiestas oficiales y alternativas no han firmado ningún documento conjunto en el que pidan civismo a los asistentes, porque la Federació Festa Major de Gràcia -responsable de los festejos tradicionales- considera que es un principio básico que todos deben dar por asumido.

Como quedó claro en el transcurso del pregón, a las discusiones sobre el modelo de Fiesta Mayor y las quejas de los vecinos por los ruidos, la masificación y la suciedad que genera, se une ahora la polémica por el nuevo emplazamiento de las principales fiestas alternativas, las que organiza la Comissió de les Festes Populars (CFP) y que coinciden en el tiempo con los festejos oficiales. En esta edición, los responsables del distrito las han ubicado en la calle de Còrsega, en el tramo más cercano a los Jardinets de Gràcia, el mismo lugar que ocupaba otros años la Feria de la Tapa. Así, dirigiéndose a los políticos y a los Mossos d'Esquadra, los encargados de leer el pregón de las fiestas alternativas clamaron: "Este año nos ha quedado muy claro que no nos podéis ni ver al enviarnos, sí o sí, bien lejos de la Vila: al Eixample, desterrados en la calle de Còrsega".

Fuentes policiales afirman que con esa situación el control del público que asista a los conciertos programados en el escenario de Còrsega será más fácil y se evitará, además, que posibles altercados se extiendan por las callejuelas del centro del barrio. Sin embargo, los responsables de alborotos de otras ediciones fueron en muchas ocasiones turistas extranjeros beodos que desconocían la esencia tradicional y vecinal de estas fiestas.

El lugar también permite que se vacíe más rápido al acercarse la hora del cierre, gracias a la proximidad de varios transportes públicos. Por ejemplo, durante las noches de fiesta hay un autobús lanzadera que sale de la misma calle de Còrsega, en su confluencia con la de Pau Claris, con destino a la plaza de Catalunya para poder coger diversas líneas del Nitbus. El horario de este servicio especial es de 23.00 a 5.15 horas. Precisamente este enclave es uno de los que registra más agentes policiales durante la fiesta, como parte del cordón de seguridad que rodea el barrio. A los vecinos de viviendas colindantes con Còrsega, si bien en la zona más cercana abundan las oficinas, no les gusta la decisión de trasladar allí la cita antisistema. En esto, coinciden afectados y organizadores de las alternativas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 15 de agosto de 2007