Exhumados nueve cuerpos de republicanos abatidos en 1937

La Asociación para la Memoria Histórica desentierra una fosa común en A Fonsagrada

Las excavaciones iniciadas ayer en A Fonsagrada para localizar los cadáveres de 15 republicanos fusilados durante la Guerra Civil han desenterrado por el momento nueve cuerpos. Las labores, que se reanudarán hoy, se desarrollaron con normalidad, a pesar de que una juez de Castropol amenazó con no permitir la exhumación. Los huesos serán trasladados a un laboratorio de la Universidad del País Vasco para averiguar la identidad y las causas de la muerte.

Kilómetro 15 de la carretera que une A Fonsagrada y Grandas de Salime, borde derecho dirección a la localidad fonsagradina. Ése es el punto donde, tras las labores de investigación y documentación, los historiadores creían que podrían hallarse los 15 republicanos fusilados en A Fonsagrada, en la fosa más grande de las exhumadas hasta el momento en el noroeste español. A pesar de que una juez de Castropol amenazó con no permitir ni la exhumación ni la prospección, el trabajo discurrió sin presencia judicial.

Veinte minutos después de iniciar los trabajos promovidos por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica se descubrían un cúbito y una costilla y un poco más tarde aparecían un talón y una tibia. Según los historiadores, la fosa de O Acebo está dividida en tres partes: la primera con 12 militares, una segunda con cuatro y otra donde estaría el comandante Moreno Torres. Los cuatro cuerpos sin vida que formaban parte de la segunda fase fueron encontrados con "más rapidez" que en otras ocasiones, como apuntaba el arqueólogo Félix Ortiz. Los huesos serán trasladados a un laboratorio de la Universidad del País Vasco para que les practiquen un estudio antropológico forense, con el que intentarán "darles identidad y averiguar las causas de la muerte". Por la tarde se habían recuperado otros cinco cuerpos.

Óscar López, un vecino concejal en A Fonsagrada, fue quien puso en alerta a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica tras encontrar en la zona el 11 de septiembre de 2006 un cúbito y un radio que llevó a la Universidad de Santiago para que investigasen su origen. Su interés por la fosa se despertó tras conocer que la carretera que bordea el lugar iba a ser ampliada. "Consideramos que esta gente no debería quedar bajo los escombros de la carretera", explica. Para localizar el punto exacto, buscó "testimonios".

En 1937, Luis Río fue testigo con 11 años de cómo cargaban en un carro de vacas a nueve muertos "acribillados a tiros" que yacían en suelo, algo que le provocó tal impacto que no comió en cuatro días. Julio Fernández Díaz, que presenció en directo el enterramiento de los cadáveres, explica que "la mejor ropa se la quitaron". Para él "no significa nada" encontrarlos ni le causa "emoción". Eso sí, no ha podido olvidar nada de lo vivido, y explica cómo los días siguientes a la inhumación miraban continuamente hacia la zona donde habían visto caer los cuerpos.

Otros ancianos de la zona explican que los militares fueron arrojados desde un carro que estaba en la carretera. Armando Fernández cuenta cómo cavó las fosas a la edad de 13 años con palos de madera, dada la precariedad en la que vivían, y que lo que más le impresionó fue ver "los cuerpos a la intemperie, desnudos, mazados y acribillados".

La historiadora Carmen García Rodeja explica que la de O Acebo era una fosa conocida desde hace mucho tiempo por el número de personas enterradas y por un romance "conocido a lo largo de toda la montaña de Lugo". García Rodeja apunta "una cuestión de vacío legal que hay que resolver" para no seguir trabajando sólo con voluntarios.

Los familiares estaban convocados a esta celebración de justicia, aunque pocos acudieron. Nueve de los cuerpos que se cree enterrados en la fosa no han sido reclamados por ningún familiar, y los parientes de los otros declinaron asistir porque son gente, en su mayoría, de avanzada edad que teme emocionarse demasiado. Quien sí estaba allí fue el hijo de Maximino Martínez Fernández, quien aseguró que sólo quiere saber "el final de su padre, cómo murió, dónde está". Maximino falleció cuando su hijo sólo tenía tres meses.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 11 de agosto de 2007.

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