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Ingresa en prisión el portero de un bar de Tenerife que mató a un cliente de un puñetazo

La víctima no pudo defenderse del golpe que le causó la muerte, según el forense

Alejandro Ferreiro, de 33 años, el portero de un pub de Torviscas (Tenerife) que pegó un puñetazo mortal en la salida del local a Endika Abad, un joven de 21 años, el pasado día 2, pasó ayer la noche en la cárcel de Tenerife II. El acusado estaba en libertad con cargos, ya que cuando pasó a disposición judicial por primera vez, el jueves pasado, la víctima aún no había muerto. Una semana después de la paliza, el juez que investiga el caso ha decretado su ingreso en prisión provisional bajo fianza de 6.000 euros. "Ni verlo en la cárcel consuela la pérdida de mi hijo", afirmó el padre de la víctima.

La noche del 2 de agosto, una chica intentó ligar en el pub O'Reilly's de Torviscas (Tenerife) con un compañero de trabajo de Miro. "Era muy gorda", recuerda este cocinero gallego de 33 años, amigo de Endika. En medio del cachondeo, el portero del bar se les acercó: "¿Os está molestando? Si queréis, llamo a la grúa y me la llevo". A Miro le "revienta" recordar que aquel tipo "vacilón", con el que había hablado de la Galicia natal de ambos más de una vez, pegó unas horas más tarde un puñetazo en la cara a Endika, que murió como consecuencia del golpe dos días después.

Pasadas las cuatro de la mañana, la víctima se enzarzó con un joven inglés en una discusión verbal "bastante absurda", según testigos presenciales. "Uno gritaba en castellano y el otro en inglés, ninguno se entendía", recuerda Eric, uno de los amigos que estaba con Endika. A pesar del sinsentido de la bronca, el portero les advirtió: "No quiero problemas en mi bar". Acto seguido, pegó un manotazo al chico inglés.

Al ver la respuesta irracional del vigilante, Miro intentó tranquilizarlo:

-"Oye, que no pasa nada".

-"A que os parto la cara a todos", le soltó amenazante el portero.

Fuera de sí, siempre según la versión de varios testigos, Alejandro subió corriendo las escaleras que separan la entrada del pub de la acera. Iba directo a por Endika. Cuando le alcanzó, le pegó al menos un puñetazo que lo tumbó. De acuerdo con el informe provisional del forense, la víctima "no pudo defender la caída", puesto que no se lesionó ni las rodillas, ni las manos, ni los codos, las zonas del cuerpo que suelen servir para amortiguar el impacto. "La cabeza golpeó sin amortiguación" contra el suelo, señala el texto.

La bronca no se quedó ahí. Con la víctima en el suelo, el portero, con la ayuda de una supuesta segunda persona que no ha sido detenida, comenzó a pegar a Eric, Miro y David, los tres amigos que estaban con Endika. Dos de ellos resultaron heridos con politraumatismo y uno, Eric, con una lesión en el tabique nasal, producido, según su testimonio, porque le tiraron por las escaleras del local.

Alejandro Ferreiro se personó tres horas más tarde en comisaría y pasó a disposición judicial. Quedó en libertad con cargos al tratarse de un delito de faltas. Endika no había muerto aún. Cuando falleció, el viernes a las 22 horas, todo el mundo pensó que volverían a detener al portero del pub.

Los amigos y, sobre todo, el padre de la víctima han intentado desde entonces que se haga justicia. "No me podía quedar en el tanatorio mirando a mi hijo muerto; él mismo me hubiese dicho; 'Papá, échale cojones y deja de llorarme", recordaba esta semana Manuel Abad, el padre de Endika.

Homicidio imprudente

Hasta la noche del miércoles, una semana después de la paliza, el juez José Ramón Corral, del juzgado número 6 de Arona, no ordenó su detención. Ayer, decretó el ingreso en prisión del acusado bajo fianza de 6.000 euros. De momento, según confirmó el abogado defensor, Ferreiro no tiene pensado pagar el dinero.

Alejandro Ferreiro se enfrenta ahora a una posible condena por falta con lesiones y a un delito de homicidio imprudente, con una pena de hasta cuatros años de cárcel. Aunque las penas inferiores a dos años pueden quedar en suspenso, el acusado ya fue condenado en 2005 por conducir bajo los efectos del alcohol. Al tener un antecedente penal, todo hace indicar que tendría que ir a la cárcel si fuera condenado.

En su declaración de ayer, el portero se mantuvo en sus trece, es decir, en la declaración de la semana anterior, en la que aseguró que "en ningún momento supuso que era grave" el golpe.

La decisión judicial fue recibida ayer en Asturias, la tierra natal del joven, con una "alegría relativa". El abogado de la familia había pedido el ingreso en prisión sin fianza. En cualquier caso, el padre del joven aseguró que ni siquiera eso les sirve. Pide que se haga justicia. Pero reconoce: "Ni ver a este animal en la cárcel puede consolar la pérdida de mi hijo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de agosto de 2007