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HUMORISTAS

Que vivan los novios

En la pantalla de mi móvil ponía "repre llamando" y, efectivamente, era mi representante llamando. Se llama Vicente pero yo le llamo Vicentico.

-Hola, Vicentico.

-Hola, Joaquín, mira nos han llamado para una cosa un poco rara. Quieren que actúes en una boda.

-Diles que ni lo sueñen.

-Por lo visto nos van a pagar 9.000 euros.

-Diles que ahí estaré.

Así soy yo, me crezco ante los retos profesionales.

Sea como fuera, la cosa es que, 30 días después de aquella llamada, estaba esperando para actuar ante 200 animosos invitados que previamente habían deglutido una tarta nupcial de caramelo, chocolate blanco y menta; y antes una pierna de cebón con manzanas Daupinelle; y antes una langosta tropical con langostinos; y antes aperitivos. Ahora estaban con la barra libre.

Pero no creáis que la boda era aquí al lado: se celebraba en México, en un parque natural. Y no creáis que me compré un traje para la ocasión, me puse el de todas las bodas. Y no creáis que conocía a los novios, bueno sólo de vista. ¿No os he dicho quién se casaba? Pues se casaban Paulina Rubio y Nicolás Vallejo-Nágera. Yo me quedé como vosotros.

Por cierto, que a los novios los saludé al llegar y estaban guapísimos. Bueno, Paulina, como siempre, y Colate, un poco más de lo habitual. Me hubiera gustado haberles hecho una foto, pero no podía, como tampoco podía sacar vídeos o gritar vivan los novios o que se besen los padrinos. Y no podía por contrato.

Y en ésas en que la gente se divertía, bailaba, se encendía cigarrillos -porque en México en las bodas se puede fumar, no es como aquí-, alguien me comentó que era el momento de actuar. Entonces me subí al escenario que me habían preparado e hice mi mejor repertorio, mis mejores bromas, incluso un chiste que le había oído a Woody Allen, que a su vez se lo había copiado a Groucho Marx. Quiero decir, que desplegué mi artillería pesada. Pero lo que obtuve fue silencio. Bueno, silencio al principio; barullo al final. A nadie, a nadie que estuviera en esa boda le hice gracia, salvo a Alejandro Sanz, pero Alejandro Sanz no paró de reírse en toda la noche, con lo cual no cuenta. Entonces a mi mente vinieron imágenes de catástrofes naturales, de aviones cayendo en picado, de casas desplomándose, incluso me acordé de una película que vi de niño, en la que un hombre veía a través de los objetos y al final se arrancaba los ojos. O sea, que mal. ¿Es el almacén de un restaurante un buen lugar para llorar a solas? No lo sé, pero era el sitio donde me dijeron que tenía que esperar hasta que vinieran a recogerme. Y mientras gimoteaba como una nenaza sentado en una caja de coca-colas, se abrió la puerta y apareció ella, la chica dorada.

-No llores, Joaquín, a mí me ha gustado, aunque tampoco he entendido muy bien las bromas. Sé que ahora te odias, pero mañana amanecerá en tu corazón one more time. Fíjate en mí, tengo éxito, soy famosa y me caigo bien, pero no siempre fue así, también hubo noche en mi vida.

-Te refieres a cuando estabas con Bofill.

-Toma y que Dios te bendiga.

Paulina me dio un sobre, me dijo algo más sobre perseguir los sueños y se marchó. En el sobre había una foto de la promoción del disco anterior dedicada y 4.500 euros. La dedicatoria, textualmente, decía: "Si a ti te gusta morder el mango bien madurito, fíjate en mí, tengo colorcito".

-¿Pero no me dijiste 9.000 euros, Vicentico?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de agosto de 2007